Rusia bombardea maternidades: 22 recién nacidos bajo los escombros
Una niña de 13 años ha muerto esta madrugada en el hospital de Nikolaev por las heridas que le causó un dron Shahed ruso. La explosión despedazó su casa en Voskresenka y, seis horas después, le cortó la respiración. Entre los nueve heridos hay seis menores y dos mujeres en estado crítico: una de 40 años y otra niña que aún lucha por sobrevivir.
El ataque que nadie quiere ver
El gobernador militar de la región, Vitali Kim, lo ha contado en Telegram con la frialdad de quien ya ha escrito demasiados partes de defunción. «Lamentablemente, una niña de 13 años ha muerto en el hospital», ha escrito. Nada más. Ni adjetivos ni promesas vacías. La foto que acompaña su mensaje muestra una cuna retorcida y un osito de peluche empapado de sangre.
La rutina del horror se extiende a Odesa. Allí, Rusia ha convertido una maternidad en diana. Eran las 02:47 cuando el proyectil cayó sobre la tercera planta. Dentro, 22 recién nacidos conectados a incubadoras. Fuera, el mar Negro que ya no distingue entre oleaje y fuego. Las imágenes de los equipos de rescate muestran a un padre corriendo con la incubadora en brazos mientras los cristales se le clavan en la espalda.
Kiev aporta la cifra que resume la semana: 3.000 drones, 1.450 misiles tierra-tierra y 40 proyectiles varios han caído sobre Ucrania en siete días. La media es de 24 impactos por hora. La ofensiva no es un escalada; es el nuevo pulso diario.

Moscú avanza mientras el mundo mira a gaza
El Ministerio de Defensa ruso celebra la captura de Kovsharovka, un pueblo de 1.200 almas en Járkov que ya aparece borrado de los mapas. En su comunicado no mencionan los 18 tanques ucraninos destruidos ni los 47 soldados que no regresarán a sus casas. La guerra se mide en metros y en silencio.
La empresa estatal Naftogaz denuncia que los drones han alcanzado sus instalaciones en Sumi. El incendio que originaron obligó a cerrar el ducto principal que abastece al noreste del país. El gas se fugó durante cuatro horas y medio hasta que los técnicos lograron sellar la válvula. La factura llegará más tarde, cuando el invierno azote con -20 °C.
En su videomensaje nocturno, Volodimir Zelenski ha conectado Ucrania con Irán y el Golfo Pérsico: «Los mismos Shahed que matan a nuestra gente vuelan sobre el mar Rojo». La acusación es directa: Rusia exporta inestabilidad como si fuera crudo. La respuesta de Occidente, de momento, se limita a declaraciones de repulsa y a enviar más baterías antiaéreas que llegan tarde.
La niña de 13 años ya no podrá contar lo que vio. Su historia se reduce a una fecha en una lápida y a una cifra en un informe que leerán otros niños dentro de diez años. Mientras, los drones siguen despegando y los mapas siguen encogiendo. La guerra no espera a que el mundo abra los ojos.