Rusia condena a 12 años a una mujer por donar a ucrania

Una mujer rusa acaba de recibir 12 años de prisión por transferir dinero a las Fuerzas Armadas de Ucrania. El Tribunal Regional de Krasnodar la declaró culpable de alta traición este lunes. El delito: suscribirse a un canal en redes sociales gestionado por un ciudadano ucraniano y responder a su llamada de ayuda económica para las tropas. Eso es todo. Una transferencia. Doce años.

La maquinaria judicial rusa en pleno rendimiento

El mecanismo que llevó a esta mujer a prisión es tan sencillo como aterrador. Según la investigación recogida por la agencia TASS, la acusada encontró el canal a través de una comunidad en internet, vio la solicitud de fondos para unidades militares ucranianas y realizó la transferencia. Las autoridades no han revelado ni su nombre ni el de la red social. La opacidad, en estos casos, forma parte del método.

El mismo lunes, otro tribunal ruso sentenció a dos jóvenes de 20 años a penas de 15 y 16 años de cárcel por incendiar infraestructura ferroviaria. El tribunal los declaró culpables de haber actuado bajo instrucciones de la inteligencia ucraniana, acusación que Moscú repite desde 2022 con una regularidad que ya dice mucho sobre su función narrativa.

Pero hay un detalle que no puede pasarse por alto. La semana pasada, las fuerzas de seguridad rusas reconocieron haber creado perfiles señuelo en redes sociales para identificar a potenciales saboteadores, ofreciendo pagos a cambio de acciones de sabotaje. Los expertos lo llaman por su nombre: inducción al delito. La policía rusa, en definitiva, tiende trampas y luego celebra las capturas. La confesión estaba en el comunicado.

Londres y moscú: otro round diplomático

Londres y moscú: otro round diplomático

La jornada no terminó ahí. El Gobierno británico acusó este lunes a Rusia de una campaña «agresiva y coordinada» de acoso contra su personal diplomático en Moscú. La chispa fue la expulsión de un diplomático británico, segundo secretario de la embajada, al que el FSB acusa de intentar obtener información sensible en reuniones informales con expertos rusos en economía, de haber falsificado datos en su solicitud de visado y de tener vínculos con los servicios de inteligencia de Su Majestad.

Moscú convocó a la encargada de negocios británica, Danae Dholakia, para comunicarle la expulsión. La justificación oficial apunta a una supuesta violación del artículo 9 de la Convención de Viena de 1961. Un portavoz del Ministerio de Exteriores británico respondió sin rodeos: «completo disparate». Añadió que el Reino Unido no tolerará la intimidación a sus diplomáticos ni a sus familias.

Dos frentes distintos, un mismo patrón. Moscú lleva meses apretando las tuercas de su control interno mientras gestiona, en paralelo, una escalada de fricciones con Occidente que no muestra señales de enfriarse. La mujer de Krasnodar que donó dinero desde su teléfono y los diplomáticos expulsados de Moscú son piezas del mismo tablero. Y el tablero lo maneja una sola mano.