Rusia expulsa a un diplomático británico por espionaje y levanta el telón de una nueva guerra de espías
Moscú ha dicho basta. La cancillería citó este lunes a la encargada de negocios del Reino Unido, Danae Dholakia, y en menos de una hora le comunicó la expulsión inmediata de un segundo secretario de la Embajada británica. El motivo: presuntas tareas de inteligencia que el Kremlin califica de «sabotaje».
El FSB, heredero de la KGB, asegura haberlo pillado con las manos en la masa. Según su comunicado, el funcionario británico «reuniones no oficiales con expertos rusos en economía» que en realidad eran sessions de extracción de datos sensibles. La trampa se cerró cuando los servicios de contrainteligencia detectó que el diplomático había ocultado su verdadero propósito al solicitar el visado: «información deliberadamente falsa», reza el expediente.

Un capítulo más en la guerra de despachos
La expulsión no es un gesto aislado. Moscú recuerda que en los últimos tres años ha declarado persona non grata a otros cinco diplomáticos británicos por el mismo motivo. El mensaje es claro: «No vamos a tolerar que el MI6 use nuestra capital como patio trasero», me dijo una fuente del ministerio de Exteriores que prefiere no ser citada. El artículo 9 de la Convención de Viena avala la medida, pero el tono empleado suena más a ultimátum que a simple nota diplomática.
El Reino Unido guarda silencio de momento. En la práctica, Londres pierde un operativo clave en la plaza más caliente del espionaje europeo. Y lo hace en plena crisis de Ucrania, cuando cada cable, cada despacho, cada contacto vale oro. La embajadora Karen Pierce no está en Moscú; su sustituta, Dholakia, ha recibido el golpe en primera persona.
El Kremlin cierra filos. «Cualquier escalada británica será respondida de inmediato», advierte la nota. Traducción: más expulsiones, más controles de visados, más escáneres para quienes lleguen con pasaportes de Su Majestad. El telón de la guerra fría vuelve a bajar, esta vez con acento británico y sello ruso.