El esperma también envejece: los hijos pagan la cuenta del desorden masculino
Por años la culpa de no concebir recayó sobre ellas. Ahora un estudio en The Lancet sacude la mesa: la salud del varón antes del embarazo graba su firma genética en el futuro bebé y puede desencadenar autismo, bajo peso o aborto espontáneo. La ciencia acaba de retirar el pasaporte cómodo a la paternidad irresponsable.

El espermatozoide ya no es un mero mensajero
Transporta ADN, sí, pero también arrastra huellas epigenéticas que mandan al embrión instrucciones equivocadas cuando el cuerpo del padre está inflamado, obseso o intoxicado. Fumar, engordar o dormir cuatro horas fragmenta el material genético y eleva la probabilidad de mutaciones que el nihera heredará de por vida. «Estamos hablando de un fenómeno de pareja; la mitad del guión genético sale del testículo», advirtió a este diario Sergio Pasqualini, presidente de Fundación REPRO. La frase suena a obviedad, pero hasta hace cinco años pocos médicos la pronunciaban.
El dato que duele: uno de cada seis matrimonios en edad fértil sufre infertilidad y en el 40 % de los casos el problema reside en el varón. La edad paterna avanzada —esa que los ejecutivos celebran como símbolo de estabilidad— duplica la tasa de mutaciones de novo vinculadas a esquizofrenia y autismo. A los 45, el esperma acumula el doble de errores que a los 25. «El reloj biológico también existe en los hombres; solo que no suena tan fuerte», ironizó Ramiro Heredia, internista del Hospital de Clínicas.
La buena noticia llega con un calendario: 70-90 días. Ese es el ciclo de maduración espermatícida. Cambiar la dieta, dejar el vaso de fin de semana y correr tres veces por semana puede traducirse en un ADN más limpio antes del próximo ciclo de ovulación. «El varón tiene su propio laboratorio interior y puede reprogramarlo», cerró Pasqualini. La paternidad ya no es un acto de fe; es una obra de ingeniería que empieza mucho antes de la concepción.