San salvador revive la entrada de cristo con una procesión que desborda fe y flores

Un burro de cartón piedra, flores que se agotan antes de las nueve de la mañana y 3.200 palmas bendecidas: así arrancó en San Salvador la Semana Santa más multitudinaria de los últimos cinco años. El Centro Histórico se convirtió este domingo en un río morado que atravesó siete templos, dos plazas y un mercado donde hasta los vendedores de pupusas cerraron puestos para agitar ramas.

La ruta que une templos, comercios y memorias

La Parroquia El Calvario diseñó un itinerario que no es casual. Partir de San Jerónimo, rozar la Catedral Metropolitana y terminar en el mismo templo que da nombre a la procesión enlaza tres siglos de arquitectura religiosa. Lo que nadie cuenta es que el recorrido de 2,8 kilómetros dibuja sobre el mapa la silueta de una cruz invertida, un detalle que los curas prefieren no mencionar para evitar teorías conspirativas.

En cada esquina, un negocio se reinventa. Doña Irma, de 72 años, vende palmas tejidas desde las cinco de la madrugada. «Este año llevan listón púrpura; el año pasado era blanco», recita sin mirar, mientras sus dedos siguen trenzando. La cifra habla por sí sola: gana 180 dólares en cuatro horas, el equivalente a lo que le cuesta vivir un mes.

El padre elder romero y el secreto de la multitud

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El párroco insiste: «No es un desfile, es una profecía». Pero hay un detalle que rompe el discurso eclesiástico: la mitad de los asistentes no ha pisado una iglesia desde el año pasado. «Vengo por la foto», susurra un adolescente con iPhone 16, mientras su abuela le reclama que alce la palma. Entre ambos generaciones se dialoga sin palabras: ella cree, él postea.

La coordinación involucra 120 voluntarios, 40 policías antimotines y un drone que sobrevuela la cabecera de la procesión. El dispositivo cuesta 8.000 dólares, pagados con las limosnas de los viernes de marzo. Nadie protesta: la seguridad se ha vuelto parte del ritual desde 2018, cuando un intento de robo terminó con tres fieles heridos de bala.

Al mediodía, cuando el último cántico se apaga en El Calvario, las palmas quedan tendidas en el suelo como una alfombra vegetal. Los barrenderos municipales tardarán tres horas en limpiar; los devotos, apenas veinte minutos en olvidar el cansancio. Mañana llegará el Miércoles de Ceniza, pero hoy el Centro Histórico huele a flores baratas y a incienso viejo, esa mezcla que en El Salvador se llama «olor a Dios».