Secuestran a la pastelera de moda en culiacán y nadie sabe dónde está
Carmiña Castro tenía 29 años, un negocio de repostería que despachaba pasteles temáticos para bautizos y XV años, y 87 000 seguidores enganchados a sus tutoriales de buttercream. El domingo por la tarde, mientras atendía su local del Boulevard Rolando Arjona Amabilis, un comando armado irrumpió, se llevó a la joven y dejó a su esposo y su hijo pequeño en shock. Desde entonces, solo quedan interrogantes y una ficha de búsqueda activada por la Fiscalía de Sinaloa bajo el protocolo Alba.
El último postre que nadie pudo recoger
Castro —o Rosa Dely, como se hace llamar en redes— acababa de subir un vídeo donde convertía un bizcocho de tres leches en un castillo de Frozen. La banda sonora todavía suena en bucle en su perfil, pero la cuenta de pedidos quedó congelada a las 18:42 del domingo. Testigos presenciales relatan que los hombres llegaron en una camioneta Tahoe sin placas, portando fusiles cuerno de chivo. No robaron dinero ni celulares; solo se llevaron a la repostera.
El caso no es un episodio aislado. Sinaloa lleva seis meses de guerra abierta entre facciones de Los Chapitos y Los Mayos. La escalada ha dejado 1 800 cadáveres y más de 2 400 desapariciones, según el Consejo Estatal de Seguridad Pública. En ese mapa de fosas clandestinas y narco-carteles, la desaparición de una mujer que vendía cupcakes parece una anécdota. Pero hay un detalle: Castro no tenía antecedentes ni vínculos con el crimen organizado; su único delito era ser visible.

El algoritmo que ahora busca en lugar de vender
La ficha de búsqueda la describe como 1,70 m, complexión delgada, tatuajes de flores de cerezo en el antebrazo izquierdo y una frase en cursiva en la clavícula: “Bake the world a better place”. La ironía duele: el lema que usaba para vender ahora ayuda a identificarla. La Fiscalía ha pedido a sus seguidores que compartan la publicación de la ficha; en 24 horas el alcance se ha triplicado, pero ninguna pista ha llegado.
El gobernador Rubén Rocha Moya prometió “investigación exhaustiva” en su cuenta de X, sin mencionar la palabra secuestro. Mientras tanto, la repostería Rosa Dely permanece cerrada con un letrero improvisado: “Regresamos pronto”. Los clientes dejan flores y velas entre las cajas de cartón. Algunos dicen que escucharon detonaciones esa tarde; otros, que el marido fue amenazado de muerte si denunciaba. La versión oficial calla.
En Culiacán, la desaparición de una influencer no cambia el rutograma de los convoyes militares ni altera los cierres de carretera. Pero el miedo sí se mete en casa: pastelerías de barrio bajan la cortina a las seis de la tarde y las madres ya no dejan a sus hijas solas en locales comerciales. La guerra narco se cobra vidas anónimas; esta vez, una de ellas tenía rostro propio y marca personal.
La búsqueda sigue. Y mientras tanto, el último pastel de Carmiña —un unicornio de fondant con ojos de azúcar— se desmiga en la vitrina sin que nadie se atreva a tirarlo. El reloj de la Fiscalía marca 72 horas: después de ese tiempo, las estadísticas dejan de ser optimistas. En Sinaloa, la impunidad también tiene fecha de caducidad: cuando el caso deja de ser trending, la esperanza se derrite como el buttercream bajo el sol del noroño.