Sergio álvarez cumple 250 partidos con el eibar: la humildad hecha fútbol
Sergio Álvarez no es un crack de portada, pero en Eibar le han levantado una estatua invisible. Este domingo, el centrocampista asturiano firmó su partido número 250 con la camiseta armera y, entre abrazos de compañeros y aplausos del Ipurúa, dejó claro que su contrato va más allá de la nómina: es un pacto de vida.
«Desde que pisé el vestuario me trataron como uno más», dijo tras el pitido final. «No tenía otro modo de devolverles el cariño que sudando la camiseta cada semana». Frase de libro, sí, pero en su boca suena a confesión de bar.
El valor de los números pequeños
En la era de los fichajes millonarios, el Eibar sigue jugando otra liga: la de los cuenta gotas. Álvarez llegó libre en 2017, sin ruido, y se convirtió en el motor invisible del equipo. No figura en los rankings de goles ni en los vídeos de skills, pero los técnicos le calculan más de 9.000 pases completados y casi 300 recuperaciones en campo rival. Nadie en el club lo discute: su estadística más brutal es la de partidos consecutivos sin que lo piten por simular. Ni uno.
El secretario técnico, Ildefonso Díaz de Cerio, lo resume con una frase que duele: «Si Sergio hubiese nacido en Inglaterra, llevaría 20 partidos con la selección. Aquí, apenas lo conocen fuera de Eibar».

Un club que no vende humo
Mientras los grandes se llenan la boca con ‘filosofía’ y ‘DNA’, el Eibar practica la austeridad sin etiqueta. El sueldo de Álvarez ronda los 400.000 euros brutos anuales, menos de lo que cobra un suplente de LaLiga TV. A cambio, le ofrecieron estabilidad, un pueblo que le saluda por la calle y un presidente que le abrió la puerta de su casa cuando su segundo hijo nació prematuro. «No me dieron un reloj cuando cumplí 100 partidos; me ayudaron a encontrar plaza en la guardería municipal», cuenta. Eso no aparece en el contrato.
El propio jugador remata: «Mi padre trabajó 35 años en la siderúrgica de Avilés. Aquí encontré la misma cultura: llegar temprano, no quejarse, repetir. El fútbol moderno olvida que el talento también es resistencia». Y se toca la rodilla, la que le hizo pasar por quirófano en 2020 cuando el descenso ya era un hecho. Jugó los playoffs de ascenso con el menisco roto; el club guardó el parte médico hasta que acabó el curso. Silencio, también, como ley.
El próximo capítulo empieza ya
Con 32 años, Álvarez ha dicho no a dos ofertas de Segunda con cláusulas de ascenso. Quiere los 300 partidos con el Eibar y sueña con retirarse en el campo donde le gritan «¡Sergio, tú sí que vales!» cada domingo. El entrenador, Gaizka Garitano, ya avisa: «No voy a rotarle en Copa; si está bien, juega. Tiene una deuda pendiente: marcar un gol con la grada llena». El propio jugador sonríe: «Yo también quiero saber cómo suena». La afición lleva meses ensayando un cántico que rezonga «¡A por el 300!». La cifra habla por sí sola.
Y mientras los focos apuntan a los galácticos, en Ipurúa se celebra la lección de un tipo que corre más que su sombra: fútbol también es fidelidad, y la fidelidad, a veces, es el mejor gol que nunca aparece en el acta.