Sheinbaum dona 20.000 pesos a cuba y desata tormenta política en méxico
La presidenta Claudia Sheinbaum sacó 20.000 pesos de su bolsillo —unos mil dólares— y los depositó en una cuenta de organizaciones cubanas. Lo dijo ella misma este lunes, sin rubor, desde la conferencia matutina. La cifra es ínfima para un Estado, pero gigante para una mandataria que prometió poner primero a los mexicanos. El gesto enciende la mecha de un debate que trasciende el monto: ¿puede una jefa de Estado mezclar chequera personal y política exterior?
La transferencia que nadie pidió
Sheinbaum aclaró que la donación es “personal” y que, por tanto, no pasa por el filtro del erario. Pero hay un problema: usó el micrófono más grande del país para anunciarlo. El mensaje llegó a 126 millones de mexicanos y a la comunidad internacional, que ahora lee en esa cifra una señal diplomática disfrazada de caridad. La oposición ya carga la artillería: “Si es tan privada, ¿por qué lo declara desde Palacio Nacional?”, cuestiona Xóchitl Gálvez, que ve en el acto una “confusión entre la Presidencia y la persona”.
El origen del dinero también genera ruido. Sheinbaum no publicó el recibo, ni el RFC de la asociación destinataria, ni el concepto bancario. Solo mencionó “problemas con el depósito”, lo que abre la puerta a especulaciones: ¿fue en efectivo, transferencia internacional, cripto? El Banco de México exige justificar cualquier envío a la isla por el bloqueo estadounidense. Si la operación no se reportó a la Comisión Nacional Bancaria, podría haber incurrido en evasión de filtros financieros.

Cuba, entre la crisis y la apertura
La isla sufre apagones diarios de hasta 18 horas. La empresa eléctrica cubana admite un déficit del 60 % en la generación. Hoteles pagan 2.000 dólares el megavatio en el mercado spot, cuatro veces más que en 2023. Ahí entra México: Pemex vende diésel a 1,35 dólares el litro a empresas privadas que luego lo revenden en La Habana. Sheinbaum legitima ese negocio al argumentar que “no afecta a México”. Pero sí afecta a la percepción: cada litro que viaja al Caribe es un litro que no abastece a Guerrero o Chiapas, donde la luz también se va.
El expresidente Andrés Manuel López Obrador ya había lanzado la consigna de “ayuda humanitaria” a Cuba. Sheinbaum repite el guion, pero lo personaliza. La diferencia es clave: AMLO usó el avión presidencial y recursos públicos; ella, supuestamente, su propio salario. El truco retórico convierte la cooperación estatal en gesto individual, más difícil de impugnar. Sin embargo, la línea entre donación y política exterior es tan tenue como el humo de los generadores cubanos.
El costo político de unos pesos
En México, 20 millones de personas viven en pobreza extrema. Con 20.000 pesos se compran 40 despensas básicas o se pagan seis meses de tratamiento oncológico en el Seguro Popular. La escala del dinero importa menos que el símbolo: la presidenta prioriza la isla que le sirvió de escenario diplomático durante décadas. Cuba fue su escuela de posgrado, sus primeras conferencias, sus contactos académicos. Ahora devuelve el favor con una transferencia que, en el fondo, es un acto de fidelidad política.
La derecha mexicana ya prepara una queja ante la Secretaría de la Función Pública. El argumento: al usar la plataforma oficial para promover una causa personal, Sheinbaum incurrió en “utilización indebida de recursos públicos”. La ley obliga a separar gasto público y privado cuando se ejerce desde el cargo. Si la investigación avanza, la presidenta podría verse obligada a revelar su declaración patrimonial, algo que hasta ahora ha rehusado.
El escenario se complica para Sheinbaum. Su aprobación baja dos puntos cada vez que sube el precio de la gasolina. Ahora, regala dinero mientras el kilo de tortilla roza los 30 pesos. La ironía es cruel: la misma semana que dona a Cuba, el gobierno anuncia un recorte de 4.000 millones de pesos en programas de estancias infantiles. La cuenta, esta vez sí oficial, duele más que la propia.