Sinner conquista miami y firma el doblete que nadie lograba desde federer

Con la lluvia como testigo y la arena convertida en espejo, Jannik Sinner selló este domingo en Miami el 'Sunshine Double' que solo había tocado a siete hombres antes que él. El italiano fulminó al checo Jiri Lehecka 6-4 y 6-4 en una final interrumpida por el diluvio y por la ansiedad de un torneo que se resiste a ser domado.

El número 2 que ya mira de tú a tú al trono

La cifra habla por sí sola: 23 victorias y apenas una derrota en lo que va de año. Pero lo que nadie cuenta es cómo Sinner ha cambiado la química de su juego en tres meses. El tímido adolescente que tartamudeaba ante la red se ha convertido en un depredador que no pide permiso. «Estamos construyendo un monstruo», susurró a su equipo mientras levantaba el trofeo, y no era metáfora: su devolución ya es más rápida que la de un semáforo en verde.

El partido, destartalado por los chaparrones, duró lo que tarda un vuelo Miami-Madrid: una hora y 33 minutos de tensión pura. Lehecka, recién resucitado de dos operaciones de espalda, aguantó la embestida con una sonrisa de cine mudo. «Gracias por cuidar de nosotros», le dijo Sinner a los recogepelotas, y el estadio explotó: el alemán que secaba la línea de fondo con una toalla parecía un samaritano en shorts.

La maldición del sol se rompe desde 2017

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Desde que Federer dibujó el último doblete, 27 ediciones habían pasado sin que nadie repitiera la hazaña. Djokovic lo intentó y se estrelló; Nadal lo soñó y la arcilla lo reclamó; Alcaraz lo tuvo a un forehand y la gripe lo tumbó. Sinner, en cambio, ha logrado Indian Wells y Miami como quien encadena dos cafés: sin teatro, sin drama, con la frialdad de un contable que anota números en una libreta rosada.

El secreto no está en el revés, ahora más corto y letal, sino en la cabeza. Su entrenador, Darren Cahill, confesó en la sala de prensa que han trabajado con un psicólogo militar para «entrenar la zona de guerra». El resultado: Sinner ha salvado 28 de los 30 break points que le han planteado en Florida. Traducción: bajo las balas, el tipo no tiembla.

La temporada apenas ha pisado el acelerador y ya hay quien habla de Big-3 remodelado. Pero hay un detalle: el italiano sigue sin ganar un Grand Slam. París le espera en 53 días y la arcilla todavía le duele. «Ahora toca descansar», dijo con la voz ronca, pero sus ojos mentían: ya está pensando en Roland Garros. El monstruo que construye Sinner no entiende de vacaciones.