Smotrich desafía al líbano: el río litani como nuevo límite de israel
Beirut despierta con el mapa torcido. El ministro israeli Bezalel Smotrich ha trazado una línea roja en el agua: el río Litani será la frontera de seguridad del Estado judío cuando cese el fuego en Líbano. La declaración, lanzada esta madrugada en sus redes, no es una metáfora: implica avanzar 30 kilómetros dentro del territorio libanés y quedarse con la principal reserva de agua del país del cedro.
Una promesa que huele a anexión
“Vamos a cumplir la voluntad de los caídos”, escribió el ultraderechista líder del Partido Sionista Religioso. Detrás de esa frase hay vecinos de Kiryat Shmona que llevan un año sin volver a casa, pero también hay un plan de ocupación que Tel Aviv ya ensayó en 1978 y mantuvo durante 22 años. La diferencia ahora es que Smotrich lo anuncia antes de que los tanques crucen la línea azul, convirtiendo la operación militar en acto político consumado.
El Litani no es cualquier curso de agua: nace en el valle de Bekaa y desemboca en el mar Mediterráneo después de recorrer 140 km. Controlarlo significa apoderarse del sur del Líbano sin necesidad de anexionar formalmente un palmo de tierra. Así lo entendió Beirut, donde el primer minero provisional, Najib Mikati, convocó de urgencia al consejo de seguridad nacional. “No vamos a permitir que el sur se convierta en un enclave israeli”, advirtió un portavoz gubernamental que pidió el anonimato porque, admitió, “no sabemos a quién más escucha”.
En la práctica, la ocupación ya comenzó. Las fuerzas de Israel han bombardeado durante tres días los puentes sobre el Litani y han destruido la central eléctrica de Jiyeh, a solo 8 km de la desembocadura. La lógica es brutal: sin infraestructuras no hay regreso para los 300 000 libaneses que huyeron hacia el norte. La lógica es también electoral: Smotrich necesita mostrar victorias antes de que el gabinete de guerra le exija rendición de cuentas por el fracaso del 7-O.

El agua como botín de guerra
Israel consume hoy 700 millones de m³ de agua al año; el Litani aporta 900 millones. Con el caudal secuestrado, Tel Aviv resuelve de golpe su déficit hídrico y deja a Beirut con la cuenta pendiente de reconstruir una red que ya estaba al límite. El ingeniero libanés Hassan Chamas lo resume en una frase que se repite en los cafés de Hamra: “Nos quitan el agua y luego nos venden la sed”.
La comunidad internacional mira hacia otro lado. La ONU, que mantiene 10 000 cascos azules en el sur del Líbano, se limitó a “expresar preocupación”. Washington, que ayer envió 3 000 marines al Mediterráneo oriental, prefiere hablar de “defensa propia”. Europa, que paga la factura del gas licuado israelí, calla porque el invierno se acerca y el almacenamiento está al 94 %.
Mientras tanto, en las colinas de Nabatieh, los milicianos de Hezbolá rezan con los kaláshnikov en la mano. Saben que si el Litani cae, el límite siguiente será el río Awali, a 40 km de Beirut. Y así hasta el mar. El historiador libanés Kamal Salibi escribió que “Líbano es un país que se inventa cada mañana”. Esta vez le toca inventarse sin agua y sin frontera sur.
Smotrich publicó su mensaje a las 3:14 a.m. En Beirut ya son las 4:14 y nadie ha dormido. La guerra que Israel prometía “limitada” acaba de encontrar su nuevo límite: un río que, como el tiempo, ya no corre para los libaneses.