Somalia sacude a su presidente regional y se anexa baidoa tras tiroteos en la carretera
Las calles de Baidoa olían pólvora esta madrugada. Convoyes del Ejército nacional irrumpieron en la periferia, desalojaron a los guardias de Abdiaziz Laftagareen y pusieron la capital del estado de Suroeste bajo bandera federal. El mensaje es claro: el presidente somalí, Hasan Sheij Mohamud, ha decidido que la negociación terminó.
La excusa fue al-shabaab, la razón era el poder
El ministerio de Defensa publicó un vídeo en su cuenta de Twitter: soldados somalíes levantan los brazos junto a camiones capturados, mientras un médico venda a un miliciano herido. El texto acompañante habla de "desertores" que atacaron primero cuando las tropas federales patrullaban contra la guerrilla yijadista. Pocos creen la versión oficial.
En la realidad hay dos lecturas. La primera: Mohamud quiere aprobar una reforma constitucional que centraliza el sistema electoral y elimina el poder de los gobernadores regionales. La segunda: Laftagareen, al frente de un estado clave para el petróleo y las rutas comerciales hacia Etiopía, se niega a despejar el sillón.

430.000 Desplazados duplican la ciudad en 48 horas
Los campamentos de plástico a las afueras de Baidoa se convirtieron en barrios enteros en apenas dos días. Familias que huían de los bombardeos de Al-Shabaab en el campo ahora huyen de sus propios soldados. ElPrograma Mundial de Alimentos advierte: si la violencia persiste, se quedarán sin reservas antes de agosto.
La misión de la Unión Africana custodia el aeropuerto y el palacio regional, pero no interviene. Etiopía, que mantiene allí 4.000 cascos azules, observa. Su prioridad es que el oleo diplomático no se derrame hacia su frontera, donde ya controla varias bases militares en clave antiterrorista.

La cronología de un enfrentamiento anunciado
Febrero: Mohamud declara "expirado" el mandato de Laftagareen y anuncia elecciones indirectas supervisadas por Mogadiscio. Marzo: el parlamento regional rechaza la enmienda constitucional y convoca a sus propios comicios. Abril: convoyes militares avanzan hacia Baidoa bajo el lema de operaciones contra Al-Shabaab. Mayo: los disparos estallan a la entrada de la ciudad.
Laftagareen, desde un búnker cercano a la frontera keniana, promete "represalias contundentes". Pero su arsenal se reduce a milicianas pagadas a base de qat y a un puñado de vehículos técnicos con ametralladoras montadas. La artillería federal, financiada por Turquía y Estados Unidos, disparó primero y preguntó después.
El tablero regional se inclina hacia mogadiscio
Con Baidoa en sus manos, Mohamud controla ahora tres de los cinco estados que forman la federación. Quedan Jubaland, fief del irreductible Ahmed Madobe, y Puntland, que ya anunció unilateralmente sus propias elecciones presidenciales para 2024. El presidente federal suma puntos para revalidar su cargo en las urnas, pero gana enemigos internos.
El Consejo de Seguridad de la ONU celebrará este viernes una sesión urgente. En el despacho de un diplomático europeo suena un desgarrador resumen: "Somalia volvió a apostar por las armas para resolver sus disputas políticas. La comunidad internacional pagará otra vez la factura humanitaria".
Mientras tanto, en un campo de desplazados a las afueras de Baidoa, una mujer amamanta a su hijo bajo una lona de la ONU. No sabe quién gobierna la ciudad; solo sabe que los tanques amanecieron frente a su choza. La política pasa rápido; la hambruna se queda.