Son 15 mujeres que se juntan cada 60 días desde 1960: el secreto que desafía la soledad

Las cartas dejaron de llegar hace décadas, pero el mate sigue caliente. Quince egresadas del Instituto Santa Inés de Turdera repiten el ritual desde que tenían 5 años y juraron no soltarse la mano ni cuando la muerte las separe. Hoy tienen 69, viajan desde Tigre o Llavallol y ya firmaron un pacto de cuidarse en la vejez. El truco no es la nostalgia: es un contrato verbal que empieza con un 'buen día' en WhatsApp y termina con planes de geriátrico compartido.

El jardín que no se cerró nunca

Nelda Infiesta abrió la puerta de su casa en Lomas de Zamora el sábado a las 15:00. A los 15 minutos ya había olor a bizcochuelo y alguien gritaba '¡Tramontano, traé las facturas!'. Mimi cumplió la orden: llegó con paquetes de masa seca y la misma carcajada que usaba para distraer a la monja de Química en 1972. En el grupo no se saluda; se continúa la frase que quedó colgada dos meses atrás. '¿Viste que la Bellani volvió a poner la foto del lunar?', dice alguien, y otra responde: 'Sí, pero ahora lo tiene en la frente, no en el cuello'. Nadie aclara que se refieren a un lunar que hoy es un simple punto de pigmento en la piel de una mujer que vive a 60 km.

El dato desarma: la Promoción 74 del Santa Inés nunca se perdió. Ni siquiera cuando Liliana Bellani se mudó a Tigre en 1980 y el teléfono de la época cortaba la llamada cada tres minutos. Ella escribía cartas con papel satinado y sellos de los Beatles. Las otras respondían con sobres que olían a agua de colonia 4711. La correspondencia se interrumpió en 1987, pero Facebook las rescató en 2010. Desde entonces el chat se llama 'Las chicas' y tiene 38 años de silencio que alguien rompe cada mañana con un 'buen día' que es más postal que saludo.

El pacto que empezó con una viudez

El pacto que empezó con una viudez

Mimi enviudó a los 36. Su marido agonizó dos años. Las otras 14 armaron un banco rotativo de turnos: una cocinaba, otra llevaba pañales, otra le pagaba la luz. 'No eran amigas, eran hermanas con DNI ajeno', recita Mimi mientras revuelve el mate con una cuchara de madera que alguien marcó con tippex: '74'. El objeto viaja de casa en casa como un trofeo. Cuando Norma Vázquez vio que su hija quedó varada en Dubái por los bombardeos, el grupo entero se convirtió en consulado virtual: llamaron a la embajada, activaron contactos, tradujeron documentos. Norma no pudo venir el sábado; trabaja de maestra y le tocó dar clase. Mandó un audio: 'Chicas, gracias por hacerme sentir que tengo quince madres'.

La tolerancia es la única cuota mensual. Nélida Jager, docente todavía, da la fórmula: 'Nosotras no discutimos; diferimos y listo'. En 1983 una votó a Alfonsín y otra a Lúder. No habló nadie durante una semana, hasta que alguien propuso un asado y el olor a chorizo disolvió la grieta. Desde entonces la regla es clara: se habla de todo, menos de la herencia de los hijos. 'Ya se pelearán cuando nos muramos', suelta Rosalba Mucciolo entre risas, y apura su café con leche cortado.

El contrato que espera en el cajón

El contrato que espera en el cajón

El marido de Nelda se cansó. 'Ustedes no son normales', les dijo, y les llenó el answering con números de geriátricos. Primero se rieron. Después alguien buscó en Google 'comunidades de mayores en Dinamarca'. Hoy tienen un archivo de Excel con tres columnas: nombre, enfermedad crónica y nivel de aceptación de pañal. El plan es alquilar una casa quinta con enfermera 24 h y repartirse los gastos. Mimi propuso firmar un contrato civil para que los hijos 'no nos dispersen'. La cláusula estipula: 'Si alguna se va de boca, la internación la paga ella sola'. El documento duerme en el cajón de la cocina, esperando que alguien se atreva a llevarlo al escribano.

Mientras tanto, el calendario sigue implacable. En diciembre viajan a Córdoba: alquilaron un chalet con pileta y contrataron un chef que prepare comida baja en sodio. La selfie de despedida del sábado ya tiene 280 likes. En la imagen se ven quince cabezas canosas apretadas contra el objetivo, una bandera improvisada con el número 74 y un cartel que advierte: 'Reservado para las que robaron mandarinas y nunca fueron descubiertas'. Abajo, alguien escribió: 'Nos vemos en el geriátrico, pero todavía no'.