Sudán del sur cambia de enemigo y culpa a las milicias de hemedti por la masacre de 30 civiles
En Warrap ya no se escucha el ladrido de los perros: solo se oye el silencio que dejan 30 cadáveres. Entre ellos, dos niños. El Gobierno de Sudán del Sur acaba de voltear su discurso y apunta ahora al otro lado del conflicto vecino: la milicia local Ejército Blanco recibió fusiles y munición de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), el grupo paramilitar que controla buena parte del oeste de Sudán. La acusación llega 24 horas después del ataque más sangriento del año en el estado norteño.
El giro que nadie esperaba
Hasta la semana pasada, Yuba culpaba al Ejército de Sudán de armar a los pastores dinka que pastan en la frontera. Ahora, William Wol Manyang, ministro de Información de Warrap, aprieta el gatillo verbal contra otro blanco: las FAR de Hemedti. El cambio no es menor. Significa que el conflicto del norte ya no es un incendio ajeno: es un fuego que se alimenta con gasolina sursudanesa.
El ataque ocurrió entre la noche del viernes y la madrugada del domingo. Según el balance oficial, 44 heridos fueron evacuados al hospital estatal de Kuajok. Cuatro de ellos ni siquiera habían cumplido diez años. Los testimonios recogidos por esta redacción hablan de camionetas sin matrícula que cruzaron el río Kiir con cargamentos de Kaláshnikov y cajas de munición 7,62. La huella de las FAR: cargadores verde olivo con sello fabril jartumés.

El fantasma de riek machar
El Gobierno no solo busca fusiles. Busca un motivo. Manyang lo dice sin titubear: la ofensiva busca presionar por la liberación de Riek Machar, el exvicepresidente y líder del principal grupo opositor, arrestado en Yuba el 15 de marzo pasado. Desde entonces, su facción armada —el SPLM-IO— rompió el acuerdo de paz de 2018 y retomó las armas. Pero el Ejército Blanco, una milicia nuer que opera al margen de los tratados, nunca se subordinó del todo a Machar. Ahora, según el ministro, actúa como mercenario de las FAR a cambio de armas y pastos.
El temor oficial es otro: represalias étnicas. Warrap es territorio dinka; Unity, nuer. Entre ambos estados hay un solo río y décadas de rencor. Manyang advierte que jóvenes dinka armados con lanzas y fusiles AK ya amenazan con “cobrar la deuda” en las próximas 48 horas. El Gobierno promete desplegar dos batallones de infantería. La comunidad nuer, avisada, empieza a cruzar hacia la frontera sudanesa.
La última vez que esto ocurrió, en 2016, murieron 3 000 personas en tres semanas. La cifra habla por sí sola.