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El boom de los data centers en sudamérica que nadie vio venir

La región que siempre llegó tarde a la fiesta tecnológica acaba de convertirse en el patio trasero más codiciado de la economía digital. Mientras Silicon Valley debate sobre la escasez de energía, América del Sur despacha con creces el 22 % de crecimiento anual que prometen sus centros de datos hasta 2030. La cifra habla por sí sola: nadie quiere quedarse afuera de esta nueva fiebre del oro verde.

El mapa que se redefine kilómetro a kilómetro

Desde Bogotá hasta Buenos Aires, la apuesta no es solo instalar servidores; es colonizar el futuro. La matriz energética renovable de Chile, el gas natural barato de Argentina y la hidroelectricidad colombiana se venden como el trípode perfecto para sostener la voracidad de los chips que entrenan modelos de inteligencia artificial. El BOG2 de Cirion, a 8,0 grados Richter de resistencia sísmica y 100 % energía limpia, es la carta de presentación que los inversores revisan con lupa: 7 megavatios, 713 racks y casi cinco mil cross-connects que mueven la banca local sin que un terremoto lo rasgue.

Pero hay un detalle que los prospectos no grafican: la región aprendió que el valor no está en el ladrillo, sino en la red. Por eso los hyperscalers ya no preguntan por precio por metro cuadrado; preguntan por latencia, por nodos de interconexión, por la capacidad de un cable de cruzar la Cordillera sin romper el tráfico de TikTok ni el de la Bolsa de Santiago.

La guarida de los 80 megavatios que se gesta en río

La guarida de los 80 megavatios que se gesta en río

La fase inicial del RIO1 y RIO2 promete 80 MW que se irán triturando en modulos de 20 MW como quien parte un chocolate. El mensaje es brutal: si tu start-up latinoamericana necesita escalar mañana, aquí hay espacio para que Netflix, Banco Santander y el Banco Central de Brasil cohabiten sin pisarse los cables. Gabriel del Campo, el Chief Revenue Office que sabe convertir megas en facturas, resume la jugada: «Nuestra plataforma ya cruza siete países; el que se suba ahora paga tarifa regional, no internacional».

La ecuación se complica cuando la inteligencia artificial estira la densidad energética hasta cuatro veces el promedio. Por eso Schneider Electric selló un acuerdo con Gtd Perú para climatizar el nuevo complejo de Lurín con un 30 % menos de refrigeración. Inversión inicial: 13 millones de dólares. Promesa: 20 MW y 10.000 m² que estirarán sus módulos como si fueran piezas de Lego verde.

Lo que nadie cuenta es que la carrera ya no la marcan los gigantes de siempre. En Quito, Curitiba o Lima, los capitales locales se alían con fondos de pensión para blindar terrenos antes de que el precio del kilovatio-hora se dispare. El resultado: un ecosistema de data centers que deja de ser una suma de galpones con aire acondicionado para convertirse en la columna vertebral de una región que, por primera vez, exporta bits antes que soja o cobre.