Extensiones de chrome vacían chats de ia: ya hay miles de cuentas hackeadas
Una oleada de complementos falsos para Chrome se ha colado en la tienda oficial y está succionando conversaciones de ChatGPT, Gemini y DeepSeek sin que el usuario se entere. El timo, bautizado como prompt poaching, convierte cada pregunta a la IA en una mina de datos vendida en foros clandestinos.
La estafa se disfraza de utilidad
Los atacantes clonan la interfaz de extensiones populares —Urban VPN, Chat GPT for Chrome, AI Sidebar— y añaden unas líneas de código que inspectionan el DOM cada vez que se abre una pestaña. Si detectan la URL de un chatbot, activan un script que copia texto introducido, archivos subidos y respuestas generadas. La víctima sigue escribiendo; el ladrón ya ha empaquetado todo en un .zip y lo ha subido a un servidor en Moscú.
Expel, la firma que ha desenterrado la campaña, ha contabilizado más de 50 000 descargas solo en enero. El modus operandi es tan simple como demoledor: el usuario instala la extensión porque «agiliza tareas» y, en 24 horas, su empresa aparece en un hilo de Telegram pidiando rescate por los correos robados.

Cómo saber si tu naveador traiciona
Abre chrome://extensions y revisa los permisos. ¿Pide acceso a «todas las páginas web»? Desinstálala. ¿Tiene cinco estrellas pero solo cuatro reseñas genéricas? Corre. Y, sobre todo, nunca instales un VPN o un «mejorador de IA» que no aparezca en la página oficial de su desarrollador. La regla de oro: si es gratis y promete todo, paga con tus datos.
En los foros dark web los lotes de prompts corporativos se cotizan a 200 dólares el paquete de mil. Incluyen contratos, código fuente, nóminas y, a veces, la tarjeta del CEO. La mitad procede de empleados que usaban la extensión «AI Sidebar» en el ordenador del trabajo.

El consejo que nadie da
Desactiva las extensiones en modo click to run y revisa la lista cada lunes antes del café. Si tu empresa tiene más de diez empleados, obliga a whitelist: nadie instala nada sin el visto bueno de TI. Y deja de confesar secretos a un chatbot que vive en el navegador; la IA no olida, pero el ladrón que la espía tampoco.
La próxima vez que le pidas a ChatGPT que reescriba un contrato o calcule una previsión de ventas, recuerda: al otro lado hay alguien dispuesto a pagar por esas líneas. Y tú ya le has regalado el primer capítulo.