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Starlink renombra su antena y enciende la guerra del wi-fi doméstico

SpaceX acaba de mover ficha sin previo aviso: la antena que millones de usuarios conocían como Starlink Standard ahora se llama Standard 4. El cambio no es cosmético: llega acompañado de dos packs que segmentan la velocidad, el router y hasta la fuente de alimentación. La jugada obliga a los clientes a revisar su factura y a los recién llegados a elegir entre 100 Mbps con un Router Mini o 200 Mbps con el nuevo Router 3. El alquiler, claro, sube.

El plan de 100 mbps ya no incluye el router grande

La versión más barata, Standard 4, se reserva para quienes contratan 100 Mbps. Viene con la antena Gen 4 y el Router Mini, el mismo que hasta hace meses SpaceX vendía como extensor de malla. Ahora es el cerebro de la red en casas de uno a tres habitantes. La fuente de alimentación incluye dos puertos PoE: uno para la antena y otro para el Mini. Pero hay una trampa: solo funciona con el estándar PoE propietario de SpaceX. Si pensabas reutilizar tu switch Gigabit olvídalo.

El pack Standard 4 X sube la apuesta: 200 Mbps o más, router Gen 3 rebautizado como Router 3 y dos puertos Ethernet extra. La fuente cambia de forma y voltaje; ya no alimenta la antena directamente, sino que delega en el router. En zonas congestionadas —Madrid, buena parte de la costa mediterránea y buena parte de América Latina— hay que desembolsar 349 dólares de entrada aunque el plan sea de alquiler. La promesa: prioridad de tráfico y latencias más bajas. La realidad: la red satelital sigue saturada entre las 20:00 y las 23:00 horas.

¿Y los accesorios que ya compré?

¿Y los accesorios que ya compré?

SpaceX asegura que el Router Mini mantiene un puerto Ethernet libre para conectar routers de terceros, pero la fuente dual del pack básico no deja espacio para jugar con PoE estándar. En la práctica, quien quiera montar una red Unifi o MikroTik deberá adquirir un inyector extra. Los clientes anteriores no están obligados a migrar, pero los repuestos —fuente, poste, cable de 75 m— ya se cotizan en dólares y tardan semanas en llegar desde Hawthorne.

La jugada va dirigida a dos frentes: abaratar el coste de hardware en los planes de entrada y empujar a los hogares de ingresos medios al pack de 200 Mbps. La clave está en la segmentación: el Mini consume 30 W frente a los 50 W del Router 3. Multiplica por millones de antenas y SpaceX se ahorra una central eléctrica. Además, al forzar el alquiler garantiza un flujo de caja recurrente y retira del mercado los kits de compra, que ya escasean en la web oficial.

El mensaje es claro: la conectividad satelital dejó de ser un gadget de campamento para convertirse en un servicio residencial más, con sus cláusulas, sus recargos y sus pequeñas letras. Si tu vecino presume de tener 200 Mbps desde el cielo, pregúntale cuánto paga de alquiler y si ya ha pedido la factura en dólares. La guerra del Wi-Fi doméstico acaba de subir al espacio y la factura llega cada mes, sin escalas ni despegues.