Tensión en ormuz: bruselas presiona a china para desbloquear el paso

La diplomacia europea se ha puesto en marcha tras el colapso del tráfico en el Estrecho de Ormuz, vital arteria para el suministro energético global. Kaja Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores, ha mantenido una conversación telefónica urgente con Wang Yi, ministro chino de Exteriores, buscando el apoyo de Pekín para aliviar la situación, que amenaza con desestabilizar los mercados energéticos.

La paralización del tráfico: un impacto directo en la economía mundial

La paralización del tráfico: un impacto directo en la economía mundial

Los recientes ataques iraníes a buques civiles han provocado una virtual paralización del tráfico marítimo en el estrecho, una situación que, según Kallas, exige una respuesta diplomática inmediata. La jefa de la diplomacia europea denunció, a través de redes sociales, la gravedad de la situación, insistiendo en que el derecho marítimo establece la libertad de navegación segura y gratuita en la zona, un principio que se ve gravemente comprometido.

La UE, con la firmeza que le caracteriza, ha manifestado su apoyo a “todos los esfuerzos diplomáticos” para resolver la crisis, instando a la moderación y a la cesación de los ataques contra civiles e infraestructuras. Pero hay un detalle que complica el panorama: China, aunque se declara dispuesta a dialogar con todas las partes implicadas, se ha mostrado reticente a participar en la reunión convocada por el Reino Unido para abordar la reapertura del estrecho, una señal de su cautela y su deseo de no verse arrastrada a una confrontación directa.

La cifra habla por sí sola: el Estrecho de Ormuz es por donde transita alrededor del 20% del petróleo mundial, lo que evidencia la magnitud del impacto económico de esta crisis. La incertidumbre sobre el suministro energético ya se refleja en los mercados, con un incremento de los precios del crudo que presiona a las economías de todo el mundo. La presión sobre China, un actor clave en la geopolítica energética global, es, por tanto, ineludible.

La conversación entre Kallas y Wang Yi, si bien ha servido para mantener abierto el canal de diálogo, no ha proporcionado aún una solución clara. La respuesta de China, ambigua y evasiva, deja en el aire su disposición real a facilitar una salida a la crisis. Mientras tanto, la economía global aguarda, con la respiración contenida, una señal de alivio en el Estrecho de Ormuz.