Tokio huye del fuego cruzado: el nikkei encadena cuatro caídas por el temor a irán

Oriente Medio arde y la Bolsa de Tokio se desangra. El Nikkei ha cerrado con una caída del 1,58 % y acumula cuatro jornadas en rojo. Esta vez no es la guerra de divisas ni un dato macro. Es el olor a pólvora que llega desde el Estrecho de Ormuz y que hace que los inversores japoneses vendan primero y piensen después.

Un descenso que huele a petróleo y a pánico

822 puntos perdidos en un solo día. El índice se quedó en 51.063,72 enteros. El Topix, más amplio, cedió otro 1,26 %. Son cifras, pero también es un estado de ánimo: el mismo que llevó a Toyota a bajar un 1,92 % y a Honda a dejar otro 1,02 % en el parqué. Solo Sony se salvó, con un tímido repunte del 0,66 %, gracias a su negocio de entretenimiento que, paradójicamente, se alimenta de crisis cuando la gente huye del mundo real.

Lo que nadie cuenta es que Tokio ya venía herida. La guerra comercial China-EE.UU., el yen fuerte y ahora el temor a que Irán cierre el grifo del Golfo. El resultado: cuatro días seguidos de sangría. En Seúl la herida es peor: el Kospi se dejó un 4,26 % y tocó su cuarto rojo consecutivo. El Este asiático entero se pregunta cuánto durará la mecha encendida.

El detalle que inquieta a los analistas

El detalle que inquieta a los analistas

Los futuros del crudo Brent suben y los fondos de pensiones nipones empiezan a cubrir posiciones en oro. No es solo la guerra: es la incertidumbre sobre cuánto durará y quién entrará por la puerta de atrás. Washington habla de alto el fuego, pero Tel Aviv y Teherán siguen lanzando advertencias. En la sala de máquinas de Tokio hay quien recuerda que en 1990, cuando Saddam invadió Kuwait, el Nikkei se desplomó un 30 % en semanas. Esta vez no hay invasiones, pero sí drones y proxies.

La clave: Japón importa el 90 % de su petróleo por el Estrecho de Ormuz. Cada día que pasa sin una tregua, el seguro de los petroleros se encarece y el yen, refugio seguro, se dispara. Un yen fuerte lastra aún más a las exportadoras que cotizan en el Nikkei. El círculo vicioso está servido.

Cierre en rojo, cuatro días seguidos. La próxima resistencia está en 50.800 puntos. Si la cruza, muchos fondos automáticos venderán por inercia. Tokio ya no mira los gráficos; mira la televisión y espera que alguien, en alguna mesa de negociación, apague la mecha antes de que el humo llegue al Pacífico.