Trump firma la paga exprés a 50.000 guardias de aeropuerto tras colapsos de cuatro horas
La pesadilla de las colas interminables en Baltimore, Houston y JFK tocó a su fin el lunes. La razón: una orden de emergencia firmada por Donald Trump que inyecta dinero a los agentes de la TSA tras 45 días sin cobrar. El gesto desatascó el caos, pero dejó al descubierto una cifra que nadie había ventilado: 500 renuncias desde mediados de febrero y una tasa de ausentismo que rozó el 45 % en los aeropuertos de Houston.
El viernes negro que despertó a la casa blanca
Fue el punto de ebullición. El 12,4 % del personal se plantó en casa. En JFK faltó más de un tercio de los guardias; en Baltimore, Atlanta y Nueva Orleans la plantilla se desvaneció. Las filas superaron las cuatro horas, récord en 25 años de historia de la agencia. Los pasajeros durmieron en colchonetas entre cintas de equipajes y carteles de «lane closed». Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, admitió que la imagen de un «aeropuerto existencial» obligó a Trump a actuar. Traducción: el voto viajero empieza a doler.
El Departamento de Seguridad Nacional anunció que el lunes llegó el primer pago retroactivo, pero solo cubre 15 días. El resto del sueldo —desde el inicio del cierre— sigue en la nebulosa. Y aquí viene el segundo guiño: miles de empleados del DHS —aduana, bomberos, inspectores de cargas— aún no han visto un dólar. La orden de Trump solo salva a los que tocan cinturones y escáners.

Los demócratas usan la tsa como moneda de cambio
El bloqueo no es técnico, es político. Los demócratas condicionan la financiación plena del DHS a una revisión de las políticas migratorias tras la muerte por disparos de los agentes Renee Good y Alex Pretti en Minneapolis. Propusieron desligar la TSA del paquete para negociar después; los republicanos lo rechazaron de plano. El sábado la Cámara aprobó su propio proyecto integral para dotar de fondos a toda la agencia. El Senado, por ahora, lo tumbará.
Mientras tanto, la temporada de vacaciones primaverales ya ha empezado con un 5 % más de pasajeros que en 2024. La solución improvisada: desplazar cientos de oficiales de inmigración y investigadores de Homeland Security a catorce aeropuertos para que abran cintas extra. Son policías que nunca habían manejado un escáner de rayos X. Su entrenamiento: un vídeo de 45 minutos y un manual pegado con cinta adhesiva en el mostrador.
La normalización es parcheada. El lunes las colas se redujeron, sí, pero la TSA sigue debiendo meses de sueldo y la mitad de su plantilla contempla seguir la renuncia si el Congreso no aprueba la partida definitiva. La lección: un país que se jacta de liderar la aviación global puede quebrar su propia seguridad aérea con una huelga silenciosa y una orden firmada a bolígrafo. El próximo viernes se reparte el segundo plazo de pago. Si el dinero no llega, el 45 % de ausencias puede parecer un ensayo.