Trump ultima a irán: o abre ormuz o se queda sin luz, agua y petróleo

El presidente Donald Trump ha puesto el reloj en marcha: Irán tiene días —no semanas— para desbloquear el estrecho de Ormuz y firmar un acuerdo de paz o verá cómo sus plantas eléctricas, sus pozos de crudo, su isla de Kharg y hasta sus desalinizadoras se convierten en cenizas.

El mensaje llegó este lunes a través de Truth Social, la red que usa como amplificador personal. No fue un bravata más. Trump especificó que esas instalaciones han sido «deliberadamente» respetadas hasta ahora, lo que implica que los planes de ataque ya están sobre la mesa y que la decisión es política, no militar.

La lista de objetivos que ya están en la mira

La lista de objetivos que ya están en la mira

La isla de Kharg, a 25 km de la costa iraní, exporta el 90 % del crudo de Teherán. El presidente ya la apuntó en marzo, pero entonces se contuvo: reconstruirla, dijo, llevaría años. Ahora ya no hay promesa de reconstrucción, solo amenaza de destrucción.

El ultimátum se encaja en una narrativa que Trump vende como cambio de régimen en marcha. A bordo del Air Force One aseguró que el líder supremo, Alí Jamenei, murió el primer día del conflicto y que su hijo Mojtaba ya controla el país. No aclaró, eso sí, con quién negocia Washington ni qué garantías ofrece el supuesto nuevo gobierno.

Mientras tanto, el estrecho de Ormuz sigue cortado. El barril de Brent supera los 100 dólares y los fondos de inversión recalculan cada mañana el riesgo de una recesión global. La respuesta de Irán no se hizo esperar: el canciller Abbas Araqchi advirtió que cualquier golpe a su infraestructura energética será devuelto contra instalaciones estadounidenses en la región.

El lunes, cuando Trump escribía su post, Teherán e intercambiaban misiles con Israel por enésima vez. El conflicto cumple ya más de un mes y la región huele a pólvora y a crudo quemado.

Trump necesita una victoria rápida antes de que el precio de la gasolina se dispare en las estaciones de Ohio y Pensilvania. Irán necesita que el estrecho siga siendo su moneda de cambio. Ambos juegan al farol con la misma baraja: el miedo y el petróleo. En esa mesa, las cartas se mueven ahora por horas, no por días. Y la próxima jugada puede ser la última.