Trump ultima un asalto relámpago al uranio de irán: 7 días para decidir la guerra

La cuenta regresiva arrancó este martes en Miami mientras Donald Trump escuchaba al jefe del Pentágono ultimar los planes de ataque. El 6 de abril expira el plazo que se ha dado para incautar 600 kg de uranio iraní y abrir por la fuerza el estrecho de Ormuz. 5.000 marines y 2.000 paracaidistas ya esperan en la zona; otros 10.000 podrían despegar esta misma semana. Nunca desde la invasión de Irak un presidente de EE UU había reunido tanto fuego en tan poco tiempo con un objetivo tan ambicioso: robarle a Teherán la materia prima para fabricar entre siete y diez bombas atómicas.

El túnel de isfahan, el botín nuclear que obsesiona a trump

Los servicios de inteligencia sitúan el grueso del uranio enriquecido al 60 % en un túnel bajo las montañas que rodean el complejo de Isfahán; el restante, al 20 %, reposa en Natanz. Ambos emplazamientos están blindados por cordilleras que diluirían el impacto de una lluvia de misiles convencionales. De ahí que el plan que circula por la Casa Blanca contemple un asalto terrestre relámpago: helicópteros MH-60 que bajen a rappel a fuerzas especiales, blindados Stryker que escaleten los desfiladeros y una retaguardia de drones Reaper que cubra la retirada con los bidones de uranio ya en poder de EE UU.

El precedente inmediato es el operativo de 1981 que Israel ejecutó contra el reactor iraquí Osirak, pero aquella misión duró minutos y volvió a casa. Esta vez el enemigo dispone de una red de túneles interconectados, defensas antiaéreas S-300 rusas y, sobre todo, la lección aprendida: Irán ha dispersado su material fisionable en más de una docena de bunkers. Por eso el Pentágono calcula que la ventana de acción se reduce a 48 horas antes de que Teherán logre trasladar el uranio o, peor, decida enriquecerlo al 90 % y cruce el umbral de la bomba.

Kharg, la isla que puede convertirse en un nuevo vietnam

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Si el uranio es el botín, Kharg es la llave del botín. La isla petrolera iraní controla el 90 % de las exportaciones de crudo del país: un millón de barriles diarios que salen por un terminal flotante ante el que EE UU ya ha ensayado un bloqueo naval. Trump no quiere volar las instalaciones —el precio del barril se dispararía y arrastraría la inflación norteamericana—; su idea es ocuparla, administrarla y negociar. El plan lleva el nombre en clave "Operation Gas Station" y contempla la captura del puerto, la custodia de los tanques de almacenamiento y la apertura de un corredor marítimo bajo bandera de EE UU que sustituya al estrecho de Ormuz.

Pero la isla es una trampa natural: aguas poco profundas que limitan la maniobra de los destructores, manglales que esconden lanchas rápidas iraníes y una guarnición de la Guardia Revolucionaria que ha tenido 20 años para minar las playas. El mando central de EE UU admite en privado que "una brigada entera podría quedar aislada en 24 horas". El temor es un Beirut 1983 multiplicado por mil: un cuerpo expedicionario cercado, imágenes de prisioneros y el regreso de los cadáveres en cajas metálicas a Dover.

Pakistán, la última patata caliente del diplomático

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Mientras tanto, en Islamabad se apaga la mediación que EE UA aceptó a regañadientes. Los cancilleres de Pakistán, Egipto, Turquía y Arabia Saudita se reunieron ayer en una cumbre que acabó en fotografía y café. Teherán desconfía: cree que la oferta de tregua es una cortina de humo para ganar tiempo hasta que los portaaviones Dwight D. Eisenhower y Theodore Roosevelt terminen de recalar cazas F-35 en el Golfo Pérsico. Washington, por su parte, sospecha que Irán usa la negociación para relocar silenciosamente el uranio de Isfahán a bunkeres aún más profundos.

El 6 de abril cae en domingo de Pascua. Trump, que nunca ocultó su gusto por los símbolos, podría anunciar el ataque justo cuando millones de estadounidenses salen de misa. La Casa Blanca ya ha ensayado el discurso: "Estados Unidos no permitirá que el apocalipsis nuclear tenga lugar bajo nuestra guardia". El reloj sigue corriendo y, por primera vez desde la crisis de los misiles en Cuba, el planeta entero mira un calendario religioso para saber si habrá guerra.

La última vez que Washington quiso arrebatar uranio a un enemigo fue en 1945, sobre el cielo de Hiroshima. Esta vez el uranio lleva sello iraní, el cielo es el mismo y la cuenta atrás marca siete días. Si la diplomacia falla, el 6 de abril podría pasar a la historia como el día en que Trump apostó todo al asalto más arriesgado de la era posguerra fría. El Pentágono ya tiene el mapa, los marines tienen las misiones y el presidente tiene la firma lista. Restan 168 horas.