Un avión militar iraquí arde en bagdad: el fuego cruzado entre irán y ee.uu. ya no respeta fronteras

Las 1.55 de la madrugada. El cielo de Bagdad se iluminó con la estela de siete cohetes Grad que perforaron la base aérea Mártir Mohamed Alaa y dejaron en cenizas un Antonov-132 de transporte. El avión no despegó jamás: lo mataron en tierra, como se mata una idea.

El Ministerio de Defensa iraquí lo calificó de «acto cobarde y criminal». Pero en el tablero de la región nadie se rasga las vestiduras desde hace meses. El ataque no deja cadáveres, solo humo y una pregunta: ¿quién dispara para que Irak pague los platos rotos de una guerra que no es suya?

La base que tejerán y washington se disputan sin pedir permiso

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La pista atacada ya fue blanco el pasado 15 de marzo. Entonces fueron drones; ahora, cohetes. Ambas veces el guion es idéntico: lanzamiento desde las afueras de la capital, culpables sin nombre, silencio de las milicias. Lo que cambia es el contexto: cada misil iraní contra objetivos israelíes devuelve un bombardeo estadounidense contra las milicias proiraníes en Irak. Y viceversa.

El Gobierno de Bagdad repite que la base es «soberana y puramente iraquí». Nadie le cree. Las Fuerzas de Movilización Popular, integradas oficialmente al ejército, alberga dentro a facciones que beben de Quds y de Washington por igual. El resultado: un Estado que no controla ni su propio uniforme.

El Antonov siniestrado era uno de los cuatro que quedan operativos en la flota de transporte iraquí. Valía 40 millones de dólares, pero su pérdida duele más en términos de soberanía: sin avión, sin radar, sin respuesta. Irak se convierte en campo de tiro de un conflicto que transcribe sus cuentas de daños en idioma árabe.

Ningún grupo ha reivindicado. No hace falta. El mensaje está claro: cualquier base que albergue soldados, instructores o solo la sombra de EE.UU. e Irán será pasto de fuego. Y Bagdad, una vez más, lava con sangre ajena su propia geografía.

La madrugada del lunes terminó con el cielo en calma y la brasa del Antonov iluminando la autopista del aeropuerto. Mientras los servicios de inteligencia iraquíes buscan «puntos de lanzamiento», los analistas apuntan a un dato más sencillo: cuando los grandes se pelean, los pequeños arden.