Un chico de 13 años muere baleado dentro de su escuela: el arma era del abuelo
Ian Cabrera tenía 13 años y este lunes fue asesinado por un compañero de 15 en el pasillo de la escuela N°40 “Mariano Moreno” de San Cristóbal, Santa Fe. El atacante llevó la escopeta 12/70 de su abuelo en una mochila negra, abrió fuego sin mirar a quién disparaba y dejó heridos a otros ocho estudiantes. Un asistente escolar lo redujo de un placaje. El caso quedó en manos de la fiscal Carina Gerbaldo, pero la ley no contempla penas: por la vieja legislación, el agresor es inimputable.
Los segundos que cambiaron la rutina
Pasadas las 7, el agresor cruzó el patio y preguntó dónde estaba el baño. Sus propios amigos lo miraron sorprendidos: llevaba tres años en el mismo pasillo. Entró al baño, salió con la escopeta recortada y disparó. Al primer impacto le siguieron entre siete y ocho detonaciones que muchos confundieron con petardos. Cuando el olor a pólvora llenó el aula, ya Ian yacía en el piso.
La evacuación fue caótica. Seis alumnos llegaron al hospital local con heridas superficiales y fueron dados de alta en horas. Dos fueron derivados a Rafaela: uno de 13 años ingresó en código rojo, pero estable; el otro, de 15, con rozones leves. En la escuela quedaron dos vainas servidas, perdigones incrustados en los lockers y el buzo negro que el tirador se había sacado para apuntar mejor.

El perfil que nadie vio venir
Vecinos y docentes repiten la misma frase: “era un pibe tranquilo”. Sin embargo, el expediente ya habla de conflictividad familiar: padre camionero ausente, con consumo problemático, y madre docente con licencia psiquiátrica. El abogado defensor, Néstor Oroño, confirmó que el chico recibía tratamiento psicológico y había tenido episodios de autolesión, pero nunca agresión hacia terceros. El Ministerio de Educación santafesino no registra denuncias previas de violencia escolar.
La escopeta pertenecía al abuelo materno, quien la guardaba sin llave en un placard de la casa. El menor la sacó mientras la familia dormía y la transportó en un viaje de 15 cuadras. Ahora está alojado en un centro de menores de Santa Fe capital y será evaluado por psiquiatras forenses. La fiscal Gerbaldo intenta determinar si hubo planificación o un estallido instantáneo, pero la respuesta legal ya está escrita: no irá a prisión.

San cristóbal, la ciudad que no quiere olvidar
El Club Independiente, donde Ian era arquero de la categoría infantil, decretó luto y suspendió actividades. Sus compañeros dejaron guantes de arco y camisetas de River Plate —su equipo— en la puerta del colegio. A las 20:30, vecinos encendieron velas y formaron una fila silenciosa que se extendió hasta la esquina de la avenida San Martín. La prima segunda de la víctima publicó un texto que se volvió viral: “Ignorar lo que sienten nuestros jóvenes también tiene consecuencias”.
El gobernador Maximiliano Pullaro prometió un protocolo de revisión de armas en domicilios con menores y anunció una inversión de 1.200 millones de pesos en salud mental escolar, pero no dio fecha. Mientras tanto, la escuela N°40 permanecerá cerrada por diez días y los docentes pidieron capacitación en detección de riesgo. La comunidad respira entre susurros: la próxima vez el arma puede ser otra y la víctima puede llamarse distinto, pero la ecuación de abandono estatal sigue intacta.