Un deportivo y un grito de socorro: carulla se convierte en el epicentro del acoso callejero
Valentina Díaz solo quería comprar pan después del gimnasio. Llevaba leggings negros y sudadera, el uniforme de medio millón de bogotanas a las 7:30 a.m. Un hombre decidió que esa era una invitación y, durante siete minutos, la recitó como letanía: “Vístase, vístase, vístase”. Ella encendió el móvil y, con la mano temblando, captó la evidencia que este martes paralizó Colombia.
La frase que encendió redes
El video dura 43 segundos, pero el acoso comenzó antes. Valentina se apartó al otro extremo de la panadería del Carulla de Chapinero; él la siguió. Las clientas intercambiaron miradas de alerta. La cajera le entregó la bolsa de pan y Valentina pulsó ‘rec’. El hombre, sin perder el paso, le espetó: “Vístase o desvístase, una de las dos”. En ese momento ella ya no pedía explicaciones; pedía seguridad: “Venga, por favor”.
Detrás de la cámara, su voz se quiebra. Se escucha un escalofrío literal: “Tengo miedo de salir, normalmente me voy a pie”. En 12 horas el clip superó los 4 millones de reproducciones. Lo que empezó como un altercato minorista devino un termómetro del acoso cotidiano que las cifras oficiales no alcanzan a medir.

El testimonio que nunca llegó al parte diario
La Policía no registró el incidente. Carulla, en un comunicado de dos párrafos, dijo “lamentar lo ocurrido” y prometió “capacitar” al personal. Pero Valentina habló con Citytv y desarmó la versión corporativa: el hombre jamás fue retenido; simplemente se marchó por la puerta automática mientras ella firmaba la queja en Servicio al Cliente.
Lo que quedó fue la sensación de vacío. “Sentí que me quedaba sola en un lugar lleno de gente”, dijo. La seguridad del supermercado llegó cuando el acosador ya había desaparecido entre los pasillos de frutas. Ni un solo guarda intentó acompañarla a la salida. El miedo, explicó, no es al vídeo: es al regreso.

El dato que silencian los informes
En Bogotá, se denuncian 11 casos de acoso callejero al día, según la Secretaría de Mujer. Las organizaciones de derechos calculan que nueve de cada diez hechos nunca se reportan. Valentina, con 23 años y 1.200 seguidores en Instagram, acabó de romper esa estadística con un botón de grabar.
El video no muestra golpes ni manotazos, pero sí la violencia verbal que desgasta a diario: la misma que empuja a muchas mujeres a cambiar de vereda, a evitar el gym de las 6 a.m., a cargar el aerosol de defensa personal como si fuera llave de casa.
Cuando el ‘cliente siempre tiene la razón’ se queda corto
Carulla forma parte de Grupo Éxito, que facturó 13,6 billones de pesos en 2023. Su Manual de Buen Trato al Cliente ocupa 48 páginas; la palabra “acoso” aparece una vez, como riesgo laboral para la fuerza de ventas, no para la usuaria. El protocolo que le prometieron a Valentina —“se revisarán los protocolos de seguridad”— aún no tiene fecha de implementación.
Mientras tanto, la frase “vístase” se ha convertido en hashtag de protesta. Miles de mujeres subieron fotos en leggins con la leyenda: “Aquí va mi uniforme de acoso”. Una ciclista se plantó frente a la tienda con un cartón: “¿También debo vestirme para pedir un croissant?”
La cuenta pendiente que deja el vídeo
El acosador fue identificado por usuarios de redes en menos de 24 horas. Alcaldía y Fiscalía anunciaron que se abrirá investigación, pero la ley colombiana solo castigaría la conducta si se demuestra que es “reiterada” o “con miras a lograr contacto sexual”. Un solo episodio, por más intimidante, rara vez alcanza pena.
Valentina, ya con apoyo psicológico, prefiere no celebrar. “No quiero que mi video sea viral, quiero que sea el último”. Y cierra con una advertencia que retumba más que cualquier clic: “El miedo no se apaga con likes; se apaga cuando el guarda de turno responde antes de que el tipo se pierda en la calle 60”.