Un gendarme, dos disparos y una moto sin patente: la noche que cambió todo en trujui
La bala salió antes que el asalto. Uno de los motochorros ni siquiera alcanzó a bajar del asiento trasero cuando el gendarme G.D.V. —28 años, Región 1 Campo de Mayo— le cruzó el pecho con su Bersa Thunder Pro 9 mm. El otro, de 17, cayó herido contra el cordón. En diez segundos la esquina de Roca y Vasco Da Gama se convirtió en el nuevo punto caliente del mapa del conurbano.
El video que desnuda la versión oficial
Las cámaras de seguridad no mienten: a las 22:56 el uniformado circulaba en su moto cuando la Honda Wave sin chapa lo encerró. El pasajero trasero levantó lo que parecía una pistola Glock: era réplica, pero en la oscuridad nadie lo nota. El gendarme disparó cuatro veces. Dos dieron en el blanco. Ariel Otaiz, 23, murió en el hospital Evita con el pulmón perforado. Santiago Delgado, 17, está intubado en terapia intensiva custodiado por la bonaerense.
La fiscal Rebeca Patiño llegó de madrugada a la comisaría 2ª de Trujui, revisó el material y ordenó la detención del uniformado. La figura: homicidio en exceso del cumplimiento del deber. El debate que viene es si cuatro disparos fueron defensa propia o ejecución.

El precio de sobrevivir
Mientras tanto, en el barrio San Ignacio instalaron una patrulla fija frente a la casa del gendarme. El protocolo interno de Gendarmería obliga a proteger al agente ante posibles venganzas; los vecinos lo miran con mezcla de alivio y temor. Algunos lo aplauden de lejos, otros cruzan la vereda. La línea entre héroe y victimario se reduce al grosor de un DNI.
El suboficial tiene sólo raspones en los brazos, pero el informe psicológico ya habla de estrío post-traumático leve. Dentro de 72 horas la fiscal definirá si lo deja en libertad o lo envía a prisión preventiva. La réplica de plástico secuestrada pesará en la balanza: si el asaltante no podía matar, ¿el gendarme tampoco debería?
Moreno suma así su tercer enfrentamiento mortal entre uniformados y motochorros en lo que va del año. La cifra habla por sí sola: un muerto cada 40 días. Nadie se atreve a predecir cuántos faltarán para que el Gobierno reabra el debate sobre el uso reglamentario de la fuerza. Por ahora, la úta victoria es una calle que ayer parecía zona de guerra y hoy amaneció barrida, aunque el olor a pólvora sigue pegado al asfalto.