Un huaico corta la ruta al machu picchu y deja al cusco sin semana santa
Las vías se doblaron como espaguetis a la altura del kilómetro 115+200. Un muro de barra y piedras arrasó el lastre, se tragó durmientes y dejó colgando los rieles en el vacío. La madrugada del lunes, el deslizamiento de Mandor volvió a demostrar que la selva no negocia: o se construye con ella o ella lo desaparece todo. Ahora, la ruta ferroviaria que une la Hidroeléctrica con Machu Picchu Pueblo —el llamado “acceso amazónico” preferido por mochileros y comunidades locales— está rota. PeruRail y Ferrocarril Transandino confirmaron la suspensión indefinida. Y el reloj corre: en cinco días empieza Semana Santa, la cita que el Cusco espera para respirar.
La fractura se repite en el mismo punto que en enero
El huaico no es un accidente aislado. El pasado 23 de enero otro deslizamiento se tragó la vía a escasos metros: kilómetro 114+700. Entonces la reparación duró diez días. Ahora los técnicos de Ferrocarril Transandino vuelven a contar grietas, calcular desniveles y cruzar los dedos para que no llueva otra vez. El fenómeno de El Niño Costero ha convertido la vertiente oriental del Ande en una esponja sobrecargada: la humedad se filtra, la ladera se afloja y la montaña se desata.
El tramo Ollantaytambo–Machu Picchu sigue operativo, pero eso no calma a los operadores. El 70 % de los viajeros que llegan por la vía alternativa (más barata y con menos controles) ahora deberá buscar cupo en los trenes desde la estación de San Pedro, en Cusco, o desde Poroy. Los precios saltaron ayer un 40 % por la demanda repentina. Y los hostales de Aguas Calientes ya reportan cancelaciones masivas.

Us$ 1 500 millones se fugan con cada cierre
La cifra habla por sí sola: la Asociación Peruana de Turismo Receptivo e Interno calcula que el país pierde entre mil y mil quinientos millones de dólares al año por la caída de visitantes extranjeros. Cusco arrastra la peor parte. En 2025 el santuario recibió 1 542 350 personas, apenas el 35 % del récord de 2019. El tope diario de 5 600 entradas —impuesto para proteger la piedra— se convierte en techo y en boomerang: menos gente, menos ingresos, menos recursos para reforzar la vía que la lleva.
El INDECI acaba de elevar a naranja la alerta para quince regiones. En Collpani, a una hora de Cusco, lluvias del fin de semana dejaron dos muertos y diez familias bajo lodo. La infraestructura ferroviaria sigue siendo la misma de 1920, solo con durmientes nuevos y esperanza. El gobierno regional anunció estudios para desviar la línea hacia un túnel de 3 km, pero el proyecto duerme en un cajón desde 2018. Mientras tanto, la selva sigue empujando.
La Semana Santa prometía 40 000 visitantes adicionales. Ahora los operadores revisan hoteles vacíos y calculan pérdidas que empezaron antes de la primera reserva. Machu Picchu no está cerrado, pero el camino que lo alimenta se rompió otra vez. Y la montaña no da plazos: o se construye con ella o ella lo desaparece todo.