Una madre asfixia a su hijo de 6 años y le prende fuego: 40 años de crítopía para la peor pesadilla de la chana
La madrugada del 15 de mayo de 2023, en un tercero sin ascensor del barrio granadino de La Chana, una mujer colocó el cadáver de su hijo de seis años en medio del sofá, roció la habitación con gasolina y encendió un mechero. Las llamas devoraron el salón mientras ella abría una hornilla de butano y se tumbaba en la cama. La Policía la encontró semiinconsciente por el humo; el menor llevaba horas sin respirar. Este jueves, la Audiencia de Granada ha firmado la condena más larga que puede imponerle: 40 años de internamiento en un psiquiátrico cerrado.
El pacto que evitó el juicio con jurado
El juicio oral, previsto para la semana que viene con jurado popular, quedó en un cajón tras el acuerdo entre la Fiscalía, la acusación particular y la defensa. Todos coincidieron en un punto: la mujer, de 38 años, mató y quemó, pero lo hizo bajo el peso de una psicosis delirante que la convenció de que su hijo era víctima de una red pedófila que se extendía desde la escuela hasta el propio padre. Las denuncias que presentó entre 2020 y 2023 —contra el exmarido, contra un campamento de verano, contra el colegio— acabaron archivadas por falta de indicio. Ningún médico, ningún tutor, ningún forense halló rasgo de abuso. Ella, sin embargo, seguó añadiendo nombres a la lista.
El informe pericial que acompaña la sentencia habla de trastorno delirante persistente, «una de las formas básicas de la locura junto a la esquizofrenia», y deja claro que su capacidad de entender la criminalidad de sus actos estaba «anulada». Por eso se invoca la eximente completa de anomalía psíquica: no irá a prisión, pero tampoco saldrá. El internamiento se computará en régimen cerrado y será revisado cada dos años por la junta de tratamiento. El padre del niño, que ya había perdido la custodia, cobrará 180 000 euros. Los propietarios del inmueble, otros 30 000.

La vecina de 94 años que fue aviso
Lo que nadie cuenta es que los vecinos llevaban meses pidiendo auxilio. La mujer había dejado de pagar el alquiler, zarandeó a una nonagenaria y amenazó a otra septuagenaria. «Está mal de la cabeza», repetían en la escalera. Pero el protocolo de riesgo familiar no se activó. El menor seguía empadronado con ella, sin protección. El 15 de mayo, mientras los bomberos sacaban a los inquilinos, la vecina del piso de enfrente, postrada en estado vegetal, permaneció en su casa con su hijo y la cuidadora. Nadie pudo evacuarla a tiempo. El olor a chamusquina aún flota en el rellano.
La autopsia determinó que el niño murió por asfixia antes de que el fuego tocara su piel. La pericia de incendios certificó que la combustión fue intencionada: la gasolina se vertió sobre el cuerpo, no sobre la alfombra. La escena reproduce el ritual de una pira funeraria, solo que la víctima ya estaba muerta. El juez dicta 20 años por asesinato con agravante de parentesco y otros 20 por incendio con riesgo para las personas. La suma, 40, iguala el máximo legal. Serán cuatro décadas de sedantes, pabellones y informes de evolución. La primera revisión será en 2026. El niño cumpliría entonces 9 años.