Una ráfaga desgarra el camping de camarasa y deja a tres heridos entre la sorpresa del domingo

El viento no avisó. A las 12:14 de este domingo, una lámina de chapa que nadie había revisado desde la última temporada se desprendió del techo de un bungalow en el camping Celler de Camarasa y cayó sobre la mujer que preparaba la mesa para comer y sobre dos adolescentes que jugaban al lado. En cinco segundos, el fin de semana de Pascua se volvió ambulancia, sirenas y la pregunta que aún resuena entre los pinos: ¿por qué ese techo aguantó treinta inviernos y se rindió hoy?

La suerte de la pendiente

La chapa, de cinco por tres metros, cortó la silenciosa brisa de la C-13 y se estrelló contra el suelo de grava que los ocupantes habían elegido por «estar más cerca del río». La pendiente del terino —un ligero declive hacia el Segre— hizo que la lámina rebotara una vez antes de impactar a la mujer, de 60 años, que sufrió un traumatismo craneal leve pero que, según los técnicos del SEM, «a metros de distancia podía haber sido muy distinto».

Los dos menores, vecinos de Badalona de 13 y 15 años, llevan nombre de abuelo —Jordi y Pol— y cicatrices de verano. Ambos presentan heridas superficiales en brazos y espalda; el más pequeño ha sido dado de alta ya con cuatro grapas y una cicatriz que presume de «batalla» en el instituto. La mujer, que viajaba sola y se alojaba en la parcela nº 42, permanece observada en el Arnau de Vilanova. Su hijo llegó corriendo desde Lleida con la misma camiseta del Barça que llevó la noche anterior. «Mamá solo quería desconectar del WhatsApp», dijo antes de cerrar la puerta de Urgencias.

El protocolo que no existía

El protocolo que no existía

Ni el ayuntamiento de Camarasa ni la dirección del camping quisieron confirmar cuándo se revisó la última vez la estructura de los bungalows de primera línea. Lo que sí consta es que, desde 2021, la Generalitat exige inspección anual de techumbres en campings de más de 100 plazas, pero la norma se limita a «elementos fijos»; las láminas de refuerzo, como la que voló, quedan en un limbo legal.

Los Bombers hirieron el silencio con una sola frase: «El viento ha sido de 72 km/h racheados, dentro del umbral». Es decir: no hay culpa, solo estadística. Pero la estadística no explica por qué la lámina se llevó por delante la rótula de anclaje ni por qué los tornillos que aparecieron en el suelo —ocho— eran de distintos tamaños. «Alguien improvisó», murmuró un operario mientras recogía los restos con guantes de látex.

Mientras tanto, los 147 ocupantes del camping han sido reubicados en bungalows interiores. La recepcionista reparte cheques-regalo de 50 € y excusas escritas a mano. «No es un gesto, es la mitad de lo que cobran por una noche», espeta una familia de Zaragoza que se va mañana y que ya ha colgado la foto de la chapa en TikTok.

La previsión de la AEMET anuncia viento de componente oeste hasta el martes. En el bar del camping, un cliente apura su estrella y resume el día: «La naturaleza avisa, pero la negligencia no silba». El domingo termina con el rastro de la lámina doblada como un suspiro junto al contenedor amarillo y con la certeza de que, cuando llegue la próxima temporada, alguien pedirá —por fin— la factura de la última revisión.