Uribe desata su artillería contra cepeda: senador 'ausente' y 'sobornador', lanza
Álvaro Uribe no perdió el domingo. A las 7:13 a.m. estalló su móvil: Iván Cepeda es un pésimo senador que falta al 40 % de las sesiones y sobornó testigos para hundirme. Así, en mayúsculas morales, el expresidente resucitó la guerra que ambos libros de historia registran desde 2012, cuando el entonces congresador del Polo denunció presiones de paramilitares y el jefe del Centro Democrático respondió con la misma moneda: manipulación de testigos.
La cuenta pendiente que ninguno perdona
El vídeo de 58 segundos, titulado El minuto Cepeda, no es un descargo cualquiera. Es la trinchera digital de Uribe mientras la Fiscalía lo investiga por soborno a paramilitares para que lo favorezcan en juicio. La jugada: desviar la mirada hacia el investigador. «Se dedicaba a sobornar testigos para que me acusaran, ni así pudo sustentar su afán de afectar mi reputación», sentenció el senador más votado de Colombia entre 2002 y 2010.
La cifra que esgrime —40 % de ausentismo— proviene del sistema de control del Congreso. La realidad: Cepeda acumula 63 días sin firmar el registro en 2023, el noveno peor índice entre 108 senadores. Lejos, eso sí, del 63 % de abstención que lidera la bancada uribista María Fernanda Cabal. Pero el dato ya corre por WhatsApp más rápido que cualquier rectificación.

El candidato al que nadie regala un voto
Para Cepeda, la ofensiva confirma el temor que su equipo repite en privado: Uribe quiere enterrar su candidatura presidencial antes del 2026. El senador del Pacto Histórico lleva meses recorriendo departamentos donde el uribismo sigue siendo religión. En Antioquia, por ejemplo, lo recibieron con cacerolazos en Ituango. En Córdoba, lo escoltaron militares porque circularon panfletos de las AGC que lo declaraban «objetivo militar».
La respuesta de Cepeda no se hizo esperar: «El señor Uribe insiste en la misma estrategia de siempre: descalificar al mensajero para evitar que se hable del mensaje». Y citó el informe de la JEP que lo absuelve de pagar a testigos. Pero el daño ya está hecho: la frase «pésimo senador» trepó al tercer puesto de tendencias en X durante cinco horas.
La guerra judicial, además, sigue viva. El pasado 14 de marzo, la Fiscalía imputó formalmente a Uribe por soborno y fraude procesal. La acusación: pagó 1.200 millones de pesos a exparamilitares para que cambiaran sus testimonios y lo excluyeran de la trama de parapolítica. Cepeda fue quien recopiló esas declaraciones. El círculo se cierra.
Mientras tanto, el país observa cómo dos hombres que nunca se perdonan siguen jugando al ajedrez con la justicia. El tablero: las redes. Las piezas: insultos, cifras y denuncias que, en lugar de aclarar la verdad, la entierran bajo toneladas de ruido. Y el reloj corre: faltan 18 meses para la primera vuelta. Para entonces, esta riña puede ser solo el ensayo de una campaña que promete ser tan sucia como inolvidable.