Vidrala traga al gigante chileno y pone precio al vidrio sudamericano
75 millones de euros y una deuda silenciosa bastaron para que el grupo vasco Vidrala apuntalara su dominio en el Cono Sur. Cristalerías Toro, la histórica planta fundada por la familia Toro en 1953 en las afueras de Santiago, deja de existir como marca local y pasa a ser Vidrala Chile, la cuarta pata de un conglomerado que ya factura más de 1.400 millones anuales.
Cómo se fraguó la operación que nadie vio venir
Lo que nadie cuenta es que la dueña del 100 % de Cristalerías Toro ya no era un chileno. Desde 2018 un fondo de inversión londinense había comprado acciones a los herederos y venía mareando la perdiz en busca de compradores. Vidrala se acercó en secreto en septiembre de 2024, firmó un precontrato en diciembre y blindó la operación bajo secreto profesional hasta que la CNMV levantó el embargo informativo este lunes a primera hora.
La cifra habla por sí sola: 0,5 veces el Ebitda anual. O lo que es lo mismo, Vidrala se ha financiado con cash flow propio y estructura de deuda tan light que ni siquiera le hará sudar el rating. El banco Santander estructuró el crédito puente; Cuatrecasas cerró el due diligence en diez semanas, récord para una transacción transatlántica en el sector envase.

El botín: 80 millones de pesos chilenos y la puerta de entrada a coca-cola andina
Cristalerías Toro no era un jugador cualquiera. Su horno número 2, remodelado en 2021, es el único en Sudamérica capaz de producir 330.000 botellas por día de cuello corto para cerveza premium. Abastecía a CCU, a Ambev y, sobre todo, al gigante Coca-Cola Andina, socio local de la marca en Chile, Argentina y Brasil. Vidrala llevaba años tocando la puerta de Coca-Cola para colar sus botellas en la región; ahora entra por la ventana con contrato blindado hasta 2029.
Pero hay un detalle que la nota de prensa evita: el sindicato de los torneros de Maipú ya advirtió que exige revisar el convenio colectivo. La plantilla de 420 trabajadores teme que el modelo vasco, más automatizado y menos sindicalizado, deje en la calle a los veteranos. Vidrala responde con el manual de siempre: «Mantendremos la plantilla y sumaremos 35 nuevos puestos de ingeniería», promete Raúl Gómez, CEO desde 2017 y artífice de la expansión internacional.

El mapa que cambia de color
Con esta compra, Vidrala suma 12 fábricas repartidas en España, Portugal, Italia, Francia, Méjico, Brasil y ahora Chile. El 18 % de sus ingresos ya proviene de América Latina; la meta es llegar al 30 % antes de 2027. El vidrio vuelve a ser un negocio de escala: cuanto más grande el horno, menor el coste por botella. Y en Sudamérica, donde el retorno del vidrio retornable sigue creciendo, el que controla el molde controla el mercado.
La familia Toro se retira con lágrimas de cocodrilo y bolsillo lleno. «Hemos cumplido nuestra misión industrial», dice la nota oficial. A cambio, reciben un par de millones de euros en bonos de salida y un puesto honorífico en el consejo consultivo que se reunirá una vez al año en Bilbao. El vidrio chileno ya no suena a apellido local; suena a acento vasco.