Vientos de 59 km/h ceban el domingo en tres alcaldías del sur de la cdmx
Las aspas del reloj se acercan a las 18:20 y, en Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco, el aire ya se prepara para azotar a 59 km/h. La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil levantó la alerta amarilla este domingo 29 de marzo: la capital se enfrenta a rachas que pueden tumbar árboles, arrancar lonas y convertir cualquier objeto suelto en proyectil urbano.
La hora exacta del vendaval
El fenómeno no es un rumor de patio: entre las 18:20 y las 20:00 la ciudadanía del sur sentirá el primer empujón. La SGIRPC calcula ráfagas de 50-59 km/h, suficientes para desestabilizar andamios, sembrar caos en la vialidad y dejar sin luz a quienes tengan cables aéreos desprotegidos. La advertencia llegó vía comunicado oficial a las 12:30 del mediodía; a esa hora, muchos capitalinos aún desayunaban la noticia.
El protocolo es simple y desalentador: guardar todo lo que pueda volar, evitar subir a azoteas y, de plano, olvidarse de selfies en las cornisas. El cubrebocas, que ya parecía relicto de la pandemia, vuelve a ser escudo contra polvo y escombros. El 911 y el 55 5683 2222 se mantendran saturados; la dependencia admite que cada llamada les sirve para trazar un mapa de daños en tiempo real.

El sur, la zona de riesgo recurrente
No es casualidad que las tres demarcaciones avisadas conformen un corredor de suelo seco y antigua zona lacustre. Xochimilco y Tláhuac aún conservan canales y chinampas; sus árboles, muchos sin podas tras años de recortes presupuestales, se doblan con facilidad. Iztapalapa, por su parte, añade la tensión de más de 1,8 millones de habitantes que comparten espacio con postes oxidados y viviendas autoconstruidas.
La SGIRPC no menciona lluvia, así que el polvo será protagonista: arenas finas arrastradas desde las obras del tren interurbano y del Circuito Exterior Mexiquense. El escenario perfecto para que una rama de 30 kilos bloquee la Calzada Ermita Iztapalapa y el tráfico colapse en cuestión de minutos. La dependencia calcula que el vendrá y va durará apenas 100 minutos, pero ese lapso basta para dejar una estela de postes caídos y lonas destrozadas.
La lección de cada temporada es la misma: la CDMX no ha logrado certificar la resistencia de su infraestructura ante vientos que, en otras latitudes, pasarían inadvertidos. Mientras tanto, los vecinos del sur ya conocen el sonido: primero un silbido en los cables, después el crujido seco de la madera que cede. A las 20:01, la alerta amarilla se apagará, pero las fotos de árboles derribados circularán en WhatsApp hasta la madrugada. La capital vuelve a respirar, a la espera de la próxima ráfaga que, tarde o temprano, regresará sin avisar.