Villavicencio libera el acelerador los domingos: el pico y placa que nadie cumple
Las calles de Villavicencio respiran el domingo. Mientras el resto de la semana se juega 711.750 pesos de multa, el último día de descanso convierte la restricción vehicular en papel mojado: no hay Pico y Placa que valga. La ciudad colombiana, sofocada entre 6:30 y 9:30 y otra vez entre 17:00 y 20:00 de lunes a viernes, abre sus vías sin filtros ni controles cuando el calendario marca festivo o domingo.
El calendario que descongela el volante
El algoritmo es brutal: placas terminadas en 5 y 6 sufren los lunes; 7 y 8, los martes; 9 y 0, los miércoles; 1 y 2, los jueves; 3 y 4, los viernes. Pero el sábado y el domingo la ciudad entera recupera el derecho a circular sin mirar el número de la matrícula. La excepción es un oasis para taxistas, que sí rotan todos los días –incluidos festivos– desde las 6:00 hasta la medianoche, siguiendo su propia secuencia del 6 al 5.
La medida, vigente desde el 26 de enero y hasta el 22 de diciembre de 2026, deja fuera del cerco a los vehículos eléctricos, oficiales, de emergencia, salud, carga, medios de comunicación y hasta los de escuela de manejo. El resto paga: 15 días de salario mínimo si se atraviesa en hora pico con la placa equivocada. Hoy, martes 31 de marzo, los dueños de carros particulares terminados en 7 y 8 deben dejar las llaves colgadas hasta las 9:30 y volver a casa antes de las 17:00.

La trampa que no perdona bolsillo
La Secretaría de Movilidad no envía aviso previo. El reloj es el único juez. El agente que te para no discute: 711.750 pesos de multa, sin derecho a recurso instantáneo. La cifra equivale a lo que gana un conductor de buseta en quince días o a la mensualidad de un estudiante universitario en Villavicencio. La ciudad respira, pero el bolsillo sangra.
El domingo, sin embargo, la calle es de todos. El aire se ensucia un poco más, el tránsito se atasca cerca de los centros comerciales, pero nadie recibe foto-multa. La restricción se duerme y el conductor olvida que, apenas pase el fin de semana, el cerco vuelve a cerrarse. La ciudad que se jacta de mejorar la calidad del aire se relaja cuando el día no es laborable. La lógica es simple: si no hay oficinas, no hay Pico; si no hay escuela, no hay Placa. La regla se dobla y el motor ruge libre.