Vladimir cerrón burla a la justicia desde la clandestinidad con tecnología de espías

Vladimir Cerrón se codea con candidatos presidenciales mientras la Policía no sabe ni en qué continente buscarlo. El neurocirujano que saltó de la silla de gobernador en Junín al banquillo de los acusados por terrorismo ahora dicta órdenes a Perú Libre a través de entrevistas encriptadas que ni el FBI logra rastrear. Su última jugada: amenazar con aparecer hoy en el debate electoral escoltado por “un ejército de militantes” dispuestos a enfrentar a los agentes que lo esperan con una orden de captura vigente de 24 meses de prisión preventiva.

El hombre que desaparece del mapa

Óscar Arriola, comandante general de la Policía, rompió su silencio en Chiclayo y reconoció lo que los expertos en ciberseguridad sospechaban: Cerrón emplea deep fake de voz, VPN en cadena y saltos proxy que borran su ubicación cada 30 segundos. “Es como intentar atrapar humo con una red de pesca”, graficó un investigador de la DIVINCRI que participa en el operativo. La PNP recibe asesoría de la DEA y de la Interpol, pero el candidato sigue transmitiendo en vivo sin que aparezca ni un pixel de geolocalización.

La clave no es solo tecnológica. Cerrón viaja con una guardia pretoriana de 40 personas que se relevan cada 200 km, según un informe de inteligencia al que accedió El Ágora. Usan autos sin GPS, celulares desechables y pagos en efectivo. El médico nunca duerme dos noches seguidas bajo el mismo techo. Su último refugio confirmado: un caserío de adobe en el VRAEM donde los vecinos, por miedo o lealtad, niegan haberlo visto.

El sillón vacío que paraliza al jne

El sillón vacío que paraliza al jne

El Jurado Nacional de Elecciones rechazó que Cerrón debata por Zoom. Su silla, frente a Keiko Fujimori y López Aliaga, quedó vacía el lunes como una fotografía del descrédito institucional. Desde algún lugar de la selva peruana, el prófugo respondió con 47 tuits en tres horas, tildando a sus rivales de “puppets del neoliberalismo” y acumulando 1,2 millones de interacciones. La estrategia le funciona: Perú Libre subió dos puntos en las encuestas pese a que su líder está fugitivo.

El congresista Segundo Montalvo elevó la apuesta: “Si lo tocan, se arma”. Su frase resume el riesgo de una confrontación callejera si la PNP intenta arrestar a Cerrón en la puerta del Centro de Convenciones. El legislador exige un hábeas corpus exprés que congele la orden de captura, un recurso que el TC tiene sobre la mesa desde hace 72 horas sin resolver. Mientras tanto, 300 efectivos de la División de Operaciones Especiales ya se apostaron en los alrededores del recinto con órdenes de no disparar “salvo que haya peligro de muerte”.

La ironía duele: Cerrón puede ser presidente sin pisar una urna. La ley peruana no impide que un candidato con proceso penal llegue al balcón de Palacio si gana las elecciones. Solo le exige presentarse a la toma de protesta. Si logra jurar antes de que lo arresten, la prisión preventiva se transforma en fuero constitucional. Es decir, la Presidencia sería su mejor escondite.

La cifra habla por sí sola: hay 17.840 cámaras de videovigilancia en Lima y ninguna lo ha filmado desde agosto. El Estado gasta US$ 48.000 diarios en el operativo de búsqueda, más que lo que Cerrón pagó —según la fiscalía— a la columna del MPCP que lo protege en el VRAEM. Cada día que pasa, el candidato refuerza la leyenda de invencible y el gobierno pierde una pizca de autoridad.

Hoy, mientras los otros nueve candidatos ensayan sus propuestas de empleo y educación, Cerrón planea su entrada triunfal o su desaparición espectacular. La balanza está lista: si aparece y la Policía no dispara, la justicia queda en evidencia. Si no aparece, su mito crece. En ambos casos, él gana. Y el Perú, una vez más, pierde.