Washington deja pasar el crudo ruso que rompe su propio bloqueo a cuba

El petrolero ruso Anatoli Kolodkin cruzará este martes la línea imaginaria que el Departamento del Tesoro dibujó hace meses frente a Matanzas. A bordo viajan 730.000 barriles de crudo que La Habana no ha podido comprar desde que Trump blindó el cerco petrolero tras la fallida incursión militar contra Nicolás Maduro. La Guardia Costera, con dos patrulleras a menos de diez millas, ha recibido la orden de no interceptar. La orden llega de arriba. Muy arriba.

Un giro que nadie en el maleón veía venir

La escena es teatro puro: el mismo pentágono que en octubre advertía con sanciones a cualquier empresa que tocase un solo barril venezolano en aguas cubanas, ahora permite que Moscú desembarque su mercancía sin ni siquiera exigir inspección. El buque, de 250 metros de eslora y bandera estatal rusa, navega a 12 nudos. Su destino: la base de supertanques de Matanzas, medio vacía desde que PDVSA dejó de cumplir los envíos por la redada de barcos incautados en el Caribe.

El dato que nadie en Washington firma por escrito: el crudo llega gratis. Moscú no cobra; cambia el petróleo por posiciones de inteligencia en el Atlántico y por una plaza estratégica a 150 km de Key West. La Casa Blanca prefiere no hablar de regalos cuando el precio medio del barril supera los 80 dólares.

Cuba enciende sus plantas con la luz roja del bloqueo

Cuba enciende sus plantas con la luz roja del bloqueo

La isla lleva 14 días con apagones programados que dejan sin aire acondicionado a los hospitales y sin diálisis a los pacientes renales. La ONU acaba de desembolsar 8 millones de su fondo de emergencia para comprar generadores portátiles; el plan, firmado el miércoles, admite que el bloqueo «ha alcanzado un punto de asfixia sanitaria». Con el crudo ruso, el gobierno cubano calcula recuperar el 30 % de la generación perdida antes de que comience la temporada ciclónica.

Mientras, en Florida, los congresistas más duros con La Habana guardan silencio. «No van a sacrificar votos cubano-americanos por un cargamento de petróleo que, en realidad, ya les sirve para decir que el castigo funciona», me susurra un asesor republicano que pidió no ser citado. La ironía: el mismo día que el Anatoli Kolodkin atraca, el Tesoro actualiza su lista de sanciones contra empresas venezolanas. El mensaje es claro: el cerco sigue, pero tiene compuertas que Moscú puede abrir.

El capitán del buque, según MarineTraffic, ya ha cambiado el destino final de «Havana» a «Matanzas Bay». La operación dura 36 horas. En la isla, los técnicos de la Unión Eléctrica cuentan los minutos. En Washington, nadie ha pedido explicaciones. El bloqueo, esa vieja réplica del siglo XX, acaba de recibir su primera grieta del siglo XXI. Y la grieta tiene bandera rusa.