Zelenski cede a la pascua: propone tregua total con rusia para frenar la guerra

Volodimir Zelenski ha roto el guion belicista que le encorsetaba desde hace meses y ha ofrecido este lunes una tregua total con Moscú con motivo de la Semana Santa. La condición es tan simple como exigente: no se toque la soberanía de Ucrania. «Estamos dispuestos a un alto el fuego en cualquier formato, incluido el energético», ha dicho ante la prensa en Kiev. La frase suena a concesión, pero también a ultimátum disfrazado de ofrenda pascual.

El anuncio llega cuando la Casa Blanca acaba de cerrar en Florida un capítulo de conversaciones bilaterales que, según el propio presidente ucraniano, «no están en un callejón sin salida». Zelenski necesita que Washington siga mirando hacia Kiev y no hacia Teherán, donde la guerra de Irán ha empezado a desviar municiones y atención. De ahí que haya aceptado la idea de una reunión trilateral —Kiev, Moscú, mediadores— en Suiza, Turquía o «dondequiera que los socios estén dispuestos», excepto, claro, en territorio ruso o bielorruso.

La sombra del incumplimiento pasado

La propuesta huele a deja vú. Hace justo un año Putin decretó un alto el fuego unilateral por la Pascua ortodoxa que duró 30 horas. Fue suficiente para canjear cientos de prisioneros, pero también para que cada bando acusara al otro de «miles de violaciones» de la tregua. Los bombardeos se reanudaron antes de que los cláxones de la iglesia dejaran de sonar. Esta vez Zelenski quiere supervisores internacionales, aunque no ha dicho quién ni cómo.

El detalle que nadie ha mencionado en la rueda de prensa es que la oferta llega en el peor momento de la guerra para el frente energético. Rusia ha vuelto a masacrar infraestructuras eléctricas y el sistema nacional lleva semanas en modo apnea: apagones programados, generadores destartalados y una población que ya no llama «apagón» a la ausencia de luz, sino «antes del bombardeo». La tregua, en este contexto, es también un parche para evitar el colapso total del suministro antes del verano.

Moscú calla, pero mueve ficha

Moscú calla, pero mueve ficha

El Kremlin no ha respondido todavía de forma oficial, pero fuentes diplomáticas en Ankara aseguran que la delegación rusa ya ha sondeado a Turquía para una posible cumbre «a puerta cerrada» antes del 1 de mayo. La condición invisible sigue siendo la misma: la anexión de Crimea y los territorios ocupados debe quedar fuera de la mesa. Zelenski lo sabe, y por eso ha blindado su oferta con la palabra «dignidad». Es la única pieza que no puede ceder sin perder la cara —y la presidencia—.

La pregunta que circula ahora por los pasillos de la OTAN es si la tregua pascual es un mero paréntesis para rearmar o el principio de un guion que Washington quiere acelerar antes de las elecciones de noviembre. El reloj electoral estadounidense ya se escucha en Kiev: cada mes sin victoria visible resta votos a los demócratas y suma euroscepticismo en Bruselas. Zelenski lo ha entendido: la paz, aunque sea de 72 horas, es también un acto de campaña.

El silencio de las sirenas este domingo de Ramos en Járkov duró exactamente 43 minutos. Fue suficiente para que una anciana colgara unas flores en la verja de un parque bombardeado. «Si callan los cañones, aún recuerdo cómo se reza», me dijo. La frase rezuma la certeza de quien ya sabe que la próxima explosión está a punto de llegar. Tregua o no, la guerra sigue viviendo en los intersticios del miedo. Y Zelenski, esta vez, ha apostado por llenar esos intersticios con una promesa que suena a despedida, pero que nadie se atreve a cantar victoria.